Dirijo esta fábrica clandestina desde ayer, pero es como si llevara mil años. Niños emigrantes cosen prendas, rastrillan las montañas de basura en busca de coltán y otros materiales aprovechables. Cobran un euko a la hora. Euko es una de las monedas de la Corporación Don Luis & Forever y sus innumerables filiales. Hay bancos en la sombra que solo admiten eukos. Me resistí a aceptar este enchufe, pero no quería pasar más hambre. Alguien tiene que hacer esta labor ingrata: enterrar sus cuerpecillos, avisar a las familias remotas que recibían sus céntimos. No tengo ni un día libre; si yo falto alguien muere. O muere antes de su hora. Si yo falto alguien me arrebata este sillón de mando desde el que superviso las magnitudes del negocio y las vidas. Al otro lado de la valla exterior hay una ciudad de tiendas de lona y plásticos que el viento ha arrastrado; diez mil personas hacen cola para ser contratadas en esta factoría de residuos. Lo que no saben es que la materia prima más rentable son ellas mismas.
Tenía que hacerlo — Plan de Negocio
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