La quinta del fin del mundo

No quise este trabajo, pero mi especialidad, acaso mi vocación, no me daba para vivir: en los últimos años casi todo el mundo se dedicaba a ese oficio, así que no podía vender mis creaciones, mis obras, mis trabajos. De todas formas antes de eso tampoco conseguí triunfar en mi profesión, o en la que hasta entonces creí que lo era, que lo sería. (A veces aún la ejerzo, como afición o pasatiempo, no sin cierta amargura).

Ahora soy feliz en este nuevo universo, variado, impredecible, generoso.

Rescato prótesis de lujo de la época anterior. Aprendo, hasta disfruto. También hay competencia feroz; luchas a muerte por las mejores piezas. Importa la intuición, tal vez la suerte. Alguna vez he encontrado un tesoro en una quinta de modesta apariencia. La familia -suelo demorarme investigando los documentos, los objetos, los detalles- se inmoló en los congeladores. Supe que habían pagado la energía por adelantado para muchos años.

También encontré mi pasado. Y quizá mi futuro.

.

Quiénes fuimos   —   ¿?

.

This entry was posted in ., aa-Cerebrocuantico. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>