Nada más morir son llevados a su quirófano donde un equipo de expertos los repara y resucita con sus propias células madre. Como conservan la nueva memoria de la escabechina reciente salen a los diez minutos mucho más resabiados, por lo que la lidia se vuelve mucho más peligrosa de modo que los toreros deben ir protegidos con nuevas corazas, piel escamosa de titanio y armas de mayor alcance. La tercera lidia se celebra ya en otra dimensión, pues los toros son casi humanos al menos en experiencia de combate, por lo que se prescinde del picador y los banderilleros van montados en drones. Se trata de sorprender al animal elevando el nivel. De momento no se permiten más de tres reapariciones. El problema del cansancio se solventa inyectándole energía en vena. Los toreros deben ser ingenieros en IA y gladiadores de láser. Surgen dudas sobre el afeitado “mental” de las segundas resurrecciones ya que algunas reses parecen volver con demasiada prudencia e incluso respeto. Cont.
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