De niño le confesó a su madre que quería ser santo y jugador del Real Zaragoza. A los ocho años le escribió una carta a Ingrid Bergman pidiéndole matrimonio. Tres objetivos que todavía no ha cumplido. Del que más cerca está es de la santidad, pues lo que define a Luis Alegre es la bondad, la alegría y la búsqueda de lo mejor. Todo eso lo cuenta con claridad en este libro que acaba de publicar Xordica – una de las señas de identidad de Aragón–. Los que tenemos la suerte de ser sus amigos no dejamos de asombrarnos, pero sabemos que es cierto.
“Cerca de casa” recoge 54 artículos del suplemento dominical de Heraldo de Aragón y cinco textos de otras publicaciones, uno inédito, que además es una entrevista, a Miguel Pardeza. La introducción y el capítulo de agradecimientos son también piezas memorables, claras y emocionantes. Incluye siete páginas de índice onomástico. El libro está dedicado a Feli, con estas palabras:
“A mi madre, la estrella de mis días”.
En 1992 –según confiesa en la introducción– Luis Alegre dejó de escribir crítica de cine porque comprobó que era muy fácil hacer daño: “Desde entonces me concentré en escribir, sobre todo, de lo que me gustaba y en tratar de descubrir a los demás las cosas y las personas que me hacían agradable la vida” (p. 11). Esto explica el tono del libro y el tono de la vida del autor, que encarna la inteligencia emocional en estado puro mucho antes de que se popularizara esa expresión.
El título, “Cerca de casa”, complementa y alude al libro que publicó Luis Alegre en 1994 –“Besos robados”– en el que los protagonistas eran gentes del séptimo arte, tal como concretaba el subtítulo: Pasiones de cine. “Cerca de casa” empieza por la infancia de un chico de pueblo, los padres, el abuelo, el primer amor, los amigos y sigue por la redolada afectiva, desde la Zaragoza de los años 80 a nuestros –arduos– días, de los que afirma: “Sufrimos ahora unos tiempos obscenos en los que, a menudo, da la impresión de que nuestro mundo se viene abajo y de que la batalla la han ganado los malos, que son pocos pero muy poderosos (…) “Cerca de casa” también nace de mi deseo de exaltar, más que nunca, los destellos que percibo de bondad, talento, elegancia, coraje, humor, belleza, amistad, decencia o amor por la ciencia, la educación o la cultura” (p. 11).
No hacer daño y exaltar lo mejor, esos son los principios de Luis Alegre que campean en este libro. Es un enfoque provocativo y excéntrico (quizá hasta ilegal), pero el propio libro argumenta muy bien que todo viene de la infancia y de la familia.
Luis Alegre es el aragonés vivo más importante. Por supuesto, hay científicos, escritores, empresarios, cantantes y futbolistas mejores que él, pero Luis los conoce a casi todos de cerca (“Cerca de casa” apunta también al corazón); es amigo, les ayuda a vivir, a triunfar, a pasar los malos ratos y a concelebrar los buenos (que aún tiene más mérito). Les ayuda a encontrar lo mejor de cada cual. O a recordarlo. La teoría de que todos estamos a seis grados de separación (seis llamadas, seis clics, seis contactos) en Luis se reduce a uno. Además de todo eso, Luis Alegre ayuda a sus amigos a comunicarse entre ellos. Es un nodo, un hub, un vínculo. De ahí su importancia. No busca nada que no sea la propia amistad de las personas a las que admira, compartir lo mejor: es muy ambicioso.
El libro desvela el secreto de esta devoción por la amistad: “Mi madre me ha enseñado que la amistad es un sentimiento capaz de resistir los golpes del paso del tiempo durante ochenta, noventa o los años que haga falta” (p. 14). El estilo, claro y directo, es el de alguien que tiene “El largo adiós” de Chandler en la mesilla.
Detalla las influencias de su infancia, que le han formateado: su padre, Alberto, le enseñó a amar los libros, el cine, la cultura… y el guiñote; su madre, Feli, la amistad, a cantar y a dar besos; su abuelo, Pedro, a leer.
No consiguió casarse con Ingrid Bergman. Tampoco con su primera novia. No ha jugado en el Zaragoza (hay tiempo, la ciencia avanza a toda velocidad y quizá Carlos López Otín –también en el libro– encuentre la fórmula) pero se ha hecho amigo de Cani, Víctor Muñoz, Zapater, Pep Guardiola, Pardeza… ¡Violeta! La santidad, con Feli rezando al lado, con Marlowe de modelo y con este libro que porfía en la excelencia, la tiene a un clic.
(Publicado en Artes & Letras de Heraldo de Aragón)
