¡A comprar!

Los que consumen son extras contratados por el gobierno para estimular al resto. No es suficiente con subvencionar sectores enteros, como el del automóvil. Habrá que subvencionar todo para que la máquina oxidada pegue un empentón. Los jefes, en la intimidad, se enfadan porque nadie compra. Creen que esta abstinencia o ayuno consumístico es para fastidiar. La gente es díscola y se niega a obedecer las consignas oficiales. La gente prefiere pasar hambre o seguir con un coche de veinte años que hacer caso al gobierno. Así es muy difícil gobernar. Lo que puede hacer caer a un gobierno cualquiera no es la corrupción, que ya es una cosa geológica: lo que puede derribar  a un gobierno es que nadie compre nada. La famosa recuperación es un objeto verbal, un virus compuesto por una palabra mágica y unas cuentas siempre forzadas y a medio inventar. Como Gowex: cuatro años inventándose las cifras y todos tan anchos. El fascinante mundo real de las apariencias. El supervisor, como ya consiguió labrarse una pésima reputación, lo tenía muy difícil para empeorarla, y por eso se ha esforzado tanto: ha alcanzado la excelencia en Vista Gorda. Pero la máxima admiración mundial la ha logrado por ahora el Tribunal de Cuentas: ha conseguido el objetivo de toda administración desde Babilonia: que el organigrama sea el árbol genealógico (y sin reñir ni matarse). En vez de exigir explicaciones habría que patentar el sistema. Este éxito sin precedentes vuelve a poner a España en la Zona Buena: donde endeudarse es casi gratis. Por su parte, el gobierno sigue intentando llamar la atención con decretos surtidos de gran eficacia en el siglo XIX. Aunque ni él mismo tiene tiempo de leerlos porque el viernes que viene debe promulgar otra tanda aún más embarullada. Y todo esto sin dejar de privatizar aeropuertos, trenes, vías, hospitales… y finalmente a la propia población: ya se ha privatizado el Registro Civil, lo cual es una falta de respeto enorme o quizá un golpe de estado en su sentido más genuino, pues si algo es un país, es precisamente su Registro Civil. Esto ya da una idea de que nos gobiernan amateurs, unos diletantes al albur de ocurrencias. No es extraño que la gente se resista a comprar, aunque solo sea para fastidiar al gobierno.

(En Heraldo de Aragón de hoy)

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