Y gracias

La vida sigue. Chernobil. Caída del muro y fin de la URSS. Lindano. Parece que fue mañana. Los años pasan veloces. Cada día más. Cada día equivale a un año casi. Según los datos no hay afición emprendedora. Solo hay afición –vocación–, funcionarial. Se entiende, tal como está la vida genérica: la vida es una commodity. El país sigue semivivo, al ralentí, con sus d(e)udas. La campaña electoral podría durar un día o una hora si hubiera acuerdo. Claro que si hubiera acuerdo para eso también podría haberlo para otras cosas, por ejemplo, para pactar un gobierno. Nadie quiere gobernar, excepto los que están en funciones, que con esa figura se libran de rendir cuentas pero pueden seguir colocando, moviendo hilos, pero ya sin responsabilidad, si es que alguna vez la hubo. Nadie quiere gobernar porque gobernar es recortar. Y para eso, mejor así. En estos meses todos han gobernado un poco, en potencia, en audiencia, en petulancia. Todos gobiernan en funciones (gobierno en ficciones) y ninguno apechuga con la realidad, que se agota en deudas, déficits, etc. Se entiende la frenética pachorra. Si no hubiera un plazo obligatorio seguiríamos así hasta que llamaran Merkel & Obama, como aquella vez. Pero aquí ya no llama nadie. De todas formas, aunque salga una república bolivariana, más de lo mismo o un híbrido-mix el tratado trasatlántico secreto ya va a anular el poco margen de maniobra de los gobiernos. Vamos a una democracia cultural, o sea, de tertulia. Y gracias.

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(Col Heraldo hoy)

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