Las dos caras

El lado bueno, la democracia liberal, no funciona. Entonces, el lado malo, el populismo, crece a tope por derecha e izquierda. Horror. Caso Trump. El lado bueno está tan averiado que uno de sus componentes, la socialdemocracia, ya ha RIP. El otro componente, el liberalismo, gira loco: un sistema que se basa en la (hermosa utopía de la) libre competencia no ha podido funcionar él mismo sin rival: es un monopolio y ha petado de éxito. El ingrediente –antes– esencial del lado bueno, la democracia, ni se menciona en la ecuación, puesto que está subordinada e intervenida por la economía: reforma expres de la Constitución Española en 2011 para dar prioridad al pago de la deuda; el FMI dando la brasa con más recortes y subir el IVA, etc. A más a más, el lado bueno también incurre en el lado malo: Cataluña ha aprovechado uno de los ingredientes más letales del populismo, el nacionalismo, para perpetrar los mayores recortes sociales de España. De modo que el populismo no sólo seduce a votantes individuales que abominan del fallido lado bueno, sino que se infiltra cual perverso Alien en los gobiernos de ese mismo lado. Jekyll y Hyde. El problemilla gordo es que para actualizar y parchear el lado bueno (democracia liberal) hace falta una autoridad o gobierno mundial y eso solo puede hacerse, ay, con democracia.
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Epílogo (o epitafio) aragonés: Si la solución al proceso de indep Cat es darle los mismos privilegios fiscales & forales que disfrutan Navarra y País Vasco, ya podemos plegar. mariano@gistain.net
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(Columna de hoy en Heraldo de Aragón)

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