DeRmocracia

Draghi ha vuelto a imprimir dinero para bancos y empresas al cero por ciento. Mario Draghi es el jefe del Banco Central Europeo, puesto a dedo. Por eso. Podría dar el dinero a los ciudadanos o a los estados. La democracia no llega al dinero. Es para otras cosas. Cada vez para menos cosas. Ya no se sabe bien para qué sirve la democracia, que quizá se podría llamar deRmocracia, algo cosmético. De todas formas, como mito, tiene un valor incalculable. Y hay que defenderla, defender el poco margen de acción que le queda: elecciones, libertad de expresión, presunto respeto a la ley. Entre la deuda y la corrupción, la democracia aguanta como puede. El marco se ha estrechado, pero queda algo, una esperanza, ciertas prácticas, la voluntad de la gente. La democracia es primero un empeño individual, si no existe o se debilita demasiado, desaparece. Esa tensión. Donde no tienen democracia, aunque sea limitada y en declive, sufren más, viven peor. La democracia es también la aspiración al estado del bienestar, a proteger al débil. Que se pueda saber algo alguna vez. Casi todo es indecible, impronunciable. Se ha impuesto este axioma: la deuda excluye o desplaza a la democracia. En España se modificó la Constitución en una tarde para dar preeminencia a la deuda. Fue una reforma retórica, de principios, porque tampoco puede devolverla: al revés, crece cada día.

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