Temple y dulzura

La novela El portugués, de Eloy Fernández Clemente (Doce Robles), podría ser traducida al ídem. Habiendo todo mejorado tanto, según dicen, no se entiende por qué tanta quejumbre & estrés. Quizá por eso. A veces mejorar un poco cuesta la vida, o casi. El luto de Forges se nos va a hacer larguísimo. Ya lo hemos olvidado/homenajeado. Vivos al bollo. Si lo hay. Amazon deja las tiendas temblando. Ahora las tiendas parecen virtuales. Excepto, ay, por las personas. El producto es la persona. Hasta el mínimo gesto es una inversión: una sonrisa, un euro. No se regala ni una coma. Y, al mismo tiempo, se trabaja gratis o casi. Gratismente, que diría o dirá Forges en sus otras vidas nuestras. Emilio Gastón, escultor de nubes, apenas yéndose, ya vuelve: en esta línea. El sábado despidieron en Torrero al escritor y realizador Alfredo Castellón, hombre elegante de silencios y viajes y libros y teatro cuya finura de alma vuelve sin irse. Muchos amigos, amigas, fans eternamente. Y así vamos avanzando, haciendo este camino, no lo sé, ya ves. Labordeta’s Project. “Palabrea el viento en tus sandalias”, escribe José Martín retortillo en su poemario Geranios herlados. Ha salido el esperado nº 150 de El Gurrión de Labuerda, que dirige Mariano Coronas Cabrero para todo el valle global. El portugués: Eloy Fernández Clemente, el catedrático que ha impartido dulzura, temple e historia económica a los que gobiernan, ha redondeado una novela didáctica, deliciosa, de personajes e ideas en medio del XIX.

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(Columna en Heraldo de Aragón, 28-2-18)

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