La vida está llena de sorpresas, grandes y pequeñas.
Pueden provenir de una llamada telefónica inesperada, noticias emocionantes de una nueva oportunidad, una invitación, etc.
Cada sorpresa guarda una bendición.
Algunas sorpresas son tesoros y otras, retos.
Todas abren la vida a bienes inesperados –o tan largamente esperados que ya han caído en el olvido-.
Estar receptivo a los imprevistos es abandonar cualquier expectativa acerca de cómo ha de desenvolverse el mundo.
Esperar con emoción las sorpresas es la mejor manera de abrir camino a nuestros deseos.
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