Rogativas al microondas / Big data a ojo (columnas en Heraldo de Aragón)

Rogativas al microondas

Es opinión general que “ha cambiado todo”, y que “nada será como antes”. También nos decimos que “tendremos que cambiar”. Es común reconocer que íbamos por mal camino, y se suele mencionar el cambio climático como el fenómeno de fondo del que el virus sería el emisario. Nos resistíamos a corregir el rumbo y por eso el planeta o, más en general, la naturaleza, nos da otro aviso, ya acorde con la gravedad de la situación, que apenas empezábamos a reconocer. Las mismas instituciones del capitalismo abogaban estos meses por reformarlo. ¡Si hasta los magnates exigían pagar impuestos! Estamos en la fase de adjudicar al virus el papel de profeta; esta etapa de contrición se corresponde con la demora de respuesta científica, a la que exigimos una solución inmediata. La ciencia es ahora la religión, solo nos falta hacerle rogativas al microondas, pues la fe es la misma. Necesitamos darle algún significado a este impacto: no admitimos el ciego azar, mera evolución, rebotes de genomas en la indiferencia de las galaxias. Queremos algo más de sentido. En este animismo tan nuestro, prometemos cambiar. Queremos aprovechar el enclaustramiento para iniciar este cambio: acaso para pensar, ser mejores, solidarios, empáticos, aprender… incluso tener principios. Estamos diseñados para rentabilizar la contrariedad (de ahí el cielo). Comprobamos que la aceleración que traíamos no se quita en una semana. Quizá es pronto y el mensaje, si lo hay, está por llegar. Paciencia.

Columna en Heraldo de Aragón, 25-3-20

Big data a ojo

Es un poco raro que en un mundo basado en datos no se apliquen a esta pandemia. Siempre se dice que hay que medirlo todo, etc. Sin embargo, en este caso no sabemos quién lo tiene y quién no. No hay test para todos. No hay datos ciertos, solo sensaciones. Es un enfoque precientífico. En China usan una app. Y medidas más rigurosas. Aquí parece que vamos por aproximaciones, un poco a ojo, lo que es lógico al principio porque cuesta admitir la envergadura del desastre. El big data se nombra mucho pero cuando más falta hace no se aplica. Quizá hay más retórica que práctica: el virus nos ha pillado desentrenados; estamos más habituados al fake coloquial y a la verborrea superflua, que tiene su encanto siempre que no sea mortal. Quizá yo esté pecando de lo mismo que digo, ojalá sea así y todo se vaya midiendo. Quizá deberíamos ir todos con mascarilla… El gobierno habla demasiado: no es necesario estar todo el día dando oleadas de doctrina. Si hay datos y normas, sobra el barbulleo. Reconozcamos que el sistema sanitario y el científico han sufrido recortes y hay que suplirlos con inmenso esfuerzo humano: el sistema de salud ya estaba saturado y estresado antes del virus. Igual que todo lo demás. El crack 2008-2020 nos ha dejado inermes y noqueados, con pocas defensas y una deuda igual al PIB. ¡Y aun sostiene el dogma oficial que el crack se acabó! Más test y menos monserga. Al final habrá que recurrir al CIS: ¿Cree usted que está contagiado? mariano@gistain.net

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Heraldo de Aragón, 18-3-2020

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