Probando vacunas… Rogativas al microondas / Big data a ojo (…) (columnas Coronavirus Covid-19 en Heraldo de Aragón)

Probando vacunas

Me presenté voluntari@ para probar la vacuna y salí hulkeando del laboratorio con más superpoderes de los que llevaba al entrar me dijeron que volviera mañana y ya es ayer pues así pasan las cosas ahora en el postime evolutivo el ARN te pule la insurgencia (las rabias) te rebaja los egos e inhibe la proteinica hasta que el estrés se disuelve y ya pasas a otra dimensión similar a la 5G que te provee de un input sicodélico garnachero pues a lo tonto te han insuflado cuatro letras más en tu genoma epigeno con lo cual la epistemología es asequible y el Universo se te queda tan pequeño que lo ves allá abajo chiquirrín como un Aleph o el primer brote de la coliflor y una vez que te has empoderado hasta arriba ya dejas de revolver en los cubos de basura y de mirar la cotización del Nasdaq y te olvidas de esos estresamientos porque ya digo el holoformismo es total y esas cuatro letras extra que te enchufan por azar enredando para buscar una vacuna ensayico y errorcico pim pam más un poco de IA que siempre viene bien te dejan innovad@ sin mácula que hasta ves las microondas pasar y puedes hacer aros con la radiación de fondo y enseguida te quieren fichar en Disney y Marvel para sus monsergas pero es que ya no te interesa nada porque aparte de inmunoglobulizarte te han puesto en paz y en gracia de Dios apenas cuatro letras y ya ves venir al Paráclito y encima lo comprendes todo que tampoco era para tanto y entonces te dan el OK y ya te puedes besar sin miedo. mariano@gistain.net

(En Heraldo de Aragón, 20-mayo-2020)

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Las fiestas de El Gran Gatsby


Qué hacer para sobrevivir o sobremorir. Qué no hacer. La prospectiva es tarea diaria. Qué hacer en un futuro a cinco minutos vista. La quietud obligada deviene en agitación molecular, agitprop interior. Si la realidad exterior nos abruma y la interior nos aflige, demos gracias por cualquier cosa: porque el sistema inmunológico rule (pero no demasiado), por el agua del grifo y por este caldo casero. Pergullir. El virus ha alterado el exoplaneta que ya flojeaba, clink crack crunch plong. Ahora somos eco y bio a la fuerza, nos ha crujido. Tal vez reiniciar, reset. Pero ¿dónde está la versión anterior? Ah, ahí viene el furgón de la fruta: ¡Mandarinas en mayo! Hay que celebrar esta longevidad de la mandarina. Los colores: ababoles, dalias, azaleas, ya germina el panizo. Que la vida, si hay suerte, a ratos, sigue, clink clonk. Pero no toda. Las balas pasan rozando. Quizá nos han dado y no lo sabemos. A ver si encuentran la fórmula, que ya debe de faltar menos. Godot era esto. Aunque siempre esperamos algo: eso es el tiempo: una sala de espera tras otra… En todas está Kafka: cucaracha, pangolín, castillo, proceso. Ojo a lo que dice Olga Tokarczuk de la ternura. El sistema ha petado ya varias veces en cada generación, es la rutina de la mejor época del mundo (Pikkety / Pinker), esto se acelera, y todo renacerá a la misma velocidad… para volver a crackearse. Con este estrés doméstico universal no es bastante con ir a un bar con mamparas: hace falta la fiesta del Gran Gatsby.

(Heraldo de Aragón, 13-5-2020)

Humanos y divinos a ratos

El cielo se ha limpiado pero nos gustaba sucio. Más vale sucio conocido que limpio con virus. Más valía sucio con comida que limpio con hambre. Hay muchas personas que prefieren no salir a la calle. Ahora que se puede, no salen. Niños y mayores. La calle, en efecto, no es la de antes. Y cuesta adaptarse a ese paisaje de película de enmascarados. Están bien en casa: descubren que la calle, solo para estar en la ella, no es nada. La calle sirve para ir a casa de los yayos, o viceversa. No para estar medio vacía, con personajes embozados que van contando baldosas de separación. A bastantes personas la calle de esta etapa o fase no les dice nada bueno. Esto es también, quizá, porque el virus sigue ahí, donde quiera que esté, pues no lo sabemos a ciencia cierta: en algunas personas, o en muchas, en mí, en el aire, en los objetos… en las aguas residuales de Valencia y Murcia, según un estudio que concluyó que la depuración lo elimina. Al no saber, todo es orégano. Y luego, claro, está lo otro, la economía, que ya es más lúgubre y menos ciencia que nunca. Y la ferocidad política que impide afrontar los problemones con un mínimo de asepsia. Se desinfectan las manos pero no la boca. La máscara no filtra los improperios ni detiene las insidias. Despolaricémonos mientras podamos. Ver el desastre como una oportunidad para trepar es propio de humanos –y todos sufrimos esos momentos de pánico distópico–, pero hay tragedias tan griegas que nos obligan a sacar nuestro lado divino.

(Heraldo de Aragón, 6-5-20)

Días claros

Este aire, casi viento, hace olear el trigo que ya cabecea. Corren esas nubes sobre las clamores y dejan en sombra trozos enormes como Romaredas. Hay quien tiene miedo y cuando te saluda desde la furgona al aflojar la marcha, en vez de bajar el cristal, lo sube. Los capazos son a diez metros y las confidencias se ventean a pecho abierto. Al ser día claro allá al fondo se ve el Pirineo con la crestería nevada y los escapados del Tour de Francia. Llegan mascarillas de diversos organismos, algunas lucen ya la publicidad institucional impresa. Han tardado pero ahora que abundan son un soporte ideal. La publi en la cara. A veces todo asusta tanto o más y luego ya te reconfortas en Whatsapp: hay grupos que te sacan del abismo. Los gobs hacen lo que pueden a ratos, tarea titánica que les exime de las faenas domésticas y les da rigor de mentón y mirada covídea, entre acerada y concernida: los gobs lo pasan mal porque el Estado ya flojeaba algo y el virus, muy esquivo, no se deja acotolar. Al ser día claro se ven, entre trigos y alcores –cárdenas roquedas– mil o más granjas de cerdos, que dan de vivir a tantas familias y exportan chullas de primera a medio mundo. A ver si espabilamos y podemos aprovechar el nitrógeno y el purín para combustible o algo: oh si los pudiéramos convertir en datos, con lo que valen. El universo se expande cada vez más deprisa y aquí estamos mano sobre móvil. A ver si el gob, en un desliz, da permiso para besarse.

(Heraldo de Aragón, 29-4-20)

Acatar y recelar

Cuanto menos sabemos del virus más quieren saber los gobiernos de nosotros. En China, donde más. En China miras de bislay y ya te la has cargado: te descuentan puntos y caes en la lista negra. Qué gobierno no querría ese control. En las democracias no está bien visto. Pero en USA vigilan y graban (¡y venden!) hasta el último suspiro (del mundo). En Hungría ya se han pulido la democracia, y eso que están en la Unión Europea (que ni se inmuta ante semejante desliz). Así que hemos de obedecer las normas pero manteniendo siempre –mientras nos dejen– el sano recelo ante la avidez de los gobs, que son insaciables y tienen muchos medios. Si pueden manejar nuestras decisiones, lo harán (o lo hacen); si pueden intoxicarnos y pagar esa seducción con dinero público, lo harán (o tal vez lo hacen, igual que todos los gobs anteriores); si pueden confinar nuestros cerebros y emociones, ídem. Usted haría (o hace) lo mismo. Quien tiene una tele y unas redes quiere salir él día y noche, sea estatal, autonómico o local. Lo suyo nos cuesta. Cuando exigimos o suplicamos a los políticos que se pongan de acuerdo y dejen de perder tiempo en sus fieras embestidas no estamos hablando de este mundo. Aunque, en general, casi nunca hablamos de este mundo: si va bien porque es un “bien” precario –a crédito– y no hay tiempo; si va mal, porque el miedo nos bloquea. De ahí que nos cueste tanto entender y medir la realidad: no hay costumbre (y es caro: mejor inventarla y, si cuela, cuela).

(Miércoles, 22 de abril de 2020, en Heraldo de Aragón)

El virus, al escudo y al museo

El virus es ya de la familia, está en nosotros, aunque no sepamos bien en cuántos. Así pues el virus, siendo universal, es también aragonés de pleno derecho e impura cepa, como cualquiera que se precie, sin importar dónde haya nacido.
Dado que ha cambiado para siempre nuestras vidas, usos, costumbres, familias, leyes y manías, habrá que hacerle un sitio en el escudo de Aragón. Algunos motivos del escudo representan masacres, batallas y momentos decisivos, así que la entronización del virus serviría como recuerdo a las víctimas y homenaje a los héroes (cuyas listas habría que hacer más pronto que tarde).
Aprovechando la apertura del melón heráldico habría que incluir también en el escudo de Aragón la silueta de Nayim e incorporar ya el torico de Teruel.
Aparte, el virus podría ocupar ya su lugar en el fabuloso Museo de Ciencias Naturales que la Universidad de Zaragoza exhibe gratis (ahora no, claro) en su Paraninfo: el Museo es tan instructivo como entretenido, nadie sale de allí igual que ha entrado. Al virus habría que dedicarle una buena exposición: ampliar su genoma cuan largo resulte con todas sus letras, pares, bases y nones, y que se pueda recorrer por dentro para que veamos cómo seduce (de momento) a las células. Así como la inclusión en el escudo requiere la anuencia de las Cortes y otras instancias, para la expo del virus solo hace falta el talento de la Universidad de Zaragoza.

(Miércoles, 15 de abril, en Heraldo de Aragón)

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Dar y recibir

Ante la emergencia económica quizá se podría hacer alguna iniciativa similar a la que mantienen Ibercaja y el Ayuntamiento de Zaragoza (ibercaja.es/vamoszaragoza) pero a escala nacional. Se crea un fondo de donantes, que aparecen en una lista web. Cada persona que solicite una cantidad para sobrevivir, se apunta en otra lista, facilita sus datos bancarios (restringidos) y recibe el dinero en el acto, sin más requisitos ni dilaciones. La lista de donantes (empresas, instituciones, particulares) es pública, solo los nombres y las cantidades; la lista de los que reciben, igual. Esto es una emergencia para sobrevivir, una mutualización voluntaria para compartir el desastre. Lo que le pedimos a la Unión Europea y no hace, pero en casa. Los bancos no aplican comisiones, nadie se queda nada en el camino. Se puede valorar si el donar desgrava algo, si el donante así lo quisiera. El mecanismo es de duración indefinida: mientras haya alguien que solicite 300, 500, 1000 euros; mientras haya alguien que los ponga. Lo gestiona un organismo independiente y ágil creado por el gobierno (si esto fuera posible), automático y con transparencia absoluta (excepto los números de cuenta y las identificaciones fiscales, etc). Si alguien sale del bache y quiere devolver lo recibido, o más, así constará en su ficha. Y viceversa. Puede ser un método de urgencia a lo Frank Capra, sin burocracia ni fricciones. Que complementa a la (de momento nula) acción de los gobiernos, etc.

Columna en Heraldo de Aragón, 8-4-20

Ventajas de la co-vida

Yendo bien todo va mal. Y gracias. A ratos todo desfallece. Pero hay tiendas minúsculas que dan servicio casa por casa. La furgona del pan. Se puede comprar online longaniza de Graus en Madrid y tenerla en la sartén antes de 24 horas. Material de papelería. Versos, cuentos, teatro, cine, efusiones impensables antes de la co-vida19. Estrenamos una vida pausada, nueva vida con virus en el aire, en las cosas y personas. Los datos –¡el big data!- siguen sin concretarse, todo va a ojo, aunque pronto, quizá, sabremos algo. A ver. La civilización numérica, el mundo mensurable, se ha desvanecido ante la magnitud del aire. El gob, arruinado y endeudado, disimula como puede y sigue recaudando a tope mientras gana tiempo emitiendo jerga confusa por los boes. Ya nos hemos adaptado al desorden mundial en casa, donde llega la desorientación en tiempo irreal. (Dosificar las noticias: el virus, leído, afecta menos). Aprendemos a la fuerza el ascetismo hogareño, el agradecimiento y… la eternidad. Al que está en casa, a ratos le parece que podría hacer algo, o algo más: ser también un poco héroe de exteriores, embolsarse. Vencer esa pulsión lógica es quizá la mayor proeza. La quietud que reclamaba el filósofo: todos los males vienen de no saber estarse quieto en casa. Aprovechemos esta co-vida para esquivar las reuniones virtuales: si las presenciales ya eran inútiles (como demuestran los gobiernos, y el mundo en general), las virtuales no digamos.

Columna en Heraldo de Aragón, 1-4-20

Rogativas al microondas

Es opinión general que “ha cambiado todo”, y que “nada será como antes”. También nos decimos que “tendremos que cambiar”. Es común reconocer que íbamos por mal camino, y se suele mencionar el cambio climático como el fenómeno de fondo del que el virus sería el emisario. Nos resistíamos a corregir el rumbo y por eso el planeta o, más en general, la naturaleza, nos da otro aviso, ya acorde con la gravedad de la situación, que apenas empezábamos a reconocer. Las mismas instituciones del capitalismo abogaban estos meses por reformarlo. ¡Si hasta los magnates exigían pagar impuestos! Estamos en la fase de adjudicar al virus el papel de profeta; esta etapa de contrición se corresponde con la demora de respuesta científica, a la que exigimos una solución inmediata. La ciencia es ahora la religión, solo nos falta hacerle rogativas al microondas, pues la fe es la misma. Necesitamos darle algún significado a este impacto: no admitimos el ciego azar, mera evolución, rebotes de genomas en la indiferencia de las galaxias. Queremos algo más de sentido. En este animismo tan nuestro, prometemos cambiar. Queremos aprovechar el enclaustramiento para iniciar este cambio: acaso para pensar, ser mejores, solidarios, empáticos, aprender… incluso tener principios. Estamos diseñados para rentabilizar la contrariedad (de ahí el cielo). Comprobamos que la aceleración que traíamos no se quita en una semana. Quizá es pronto y el mensaje, si lo hay, está por llegar. Paciencia.

Columna en Heraldo de Aragón, 25-3-20

Big data a ojo

Es un poco raro que en un mundo basado en datos no se apliquen a esta pandemia. Siempre se dice que hay que medirlo todo, etc. Sin embargo, en este caso no sabemos quién lo tiene y quién no. No hay test para todos. No hay datos ciertos, solo sensaciones. Es un enfoque precientífico. En China usan una app. Y medidas más rigurosas. Aquí parece que vamos por aproximaciones, un poco a ojo, lo que es lógico al principio porque cuesta admitir la envergadura del desastre. El big data se nombra mucho pero cuando más falta hace no se aplica. Quizá hay más retórica que práctica: el virus nos ha pillado desentrenados; estamos más habituados al fake coloquial y a la verborrea superflua, que tiene su encanto siempre que no sea mortal. Quizá yo esté pecando de lo mismo que digo, ojalá sea así y todo se vaya midiendo. Quizá deberíamos ir todos con mascarilla… El gobierno habla demasiado: no es necesario estar todo el día dando oleadas de doctrina. Si hay datos y normas, sobra el barbulleo. Reconozcamos que el sistema sanitario y el científico han sufrido recortes y hay que suplirlos con inmenso esfuerzo humano: el sistema de salud ya estaba saturado y estresado antes del virus. Igual que todo lo demás. El crack 2008-2020 nos ha dejado inermes y noqueados, con pocas defensas y una deuda igual al PIB. ¡Y aun sostiene el dogma oficial que el crack se acabó! Más test y menos monserga. Al final habrá que recurrir al CIS: ¿Cree usted que está contagiado? mariano@gistain.net

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Heraldo de Aragón, 18-3-2020


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