Los dos grandes. De ahí para abajo los partidillos tendrán que recurrir al sistema general, con algunos privilegios según escaños. El argumento es que cuando se gobierna es fácil incurrir en errores y fallos debido ala premura general y a la corrupción de la sociedad. Sin esta mínima garantía judicial que supone la impunidad absoluta de facto no podríamos gobernar con la agilidad que demandan los tiempos y los ciudadanos exigen, ni podríamos pagar nuestras facturas, obras y asesoramientos extra, así como reubicar a los cesantes con la dignidad que sin duda merecen. Decreto a la firma, modificar artículos tal y tal, bla bla. Listo, excelencia.
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