Todo es neuronal. El mundo ha sido repensado y me pilla de sorpresa. Mis emociones son iconos.
El barbulleo es la agitación cuántica que reformula todo lo existente.
Cada segundo pierdo la vida. Cada segundo nazco. Una mínima estructura en tres o cuatro dimensiones es todo lo que tengo. Cada célula nueva necesita mi aliento para seguir en marcha. Yo no sé a dónde voy pero ellas sí.
Si aprendo a manejar el braincuantic podré dar el salto evolutivo, aumentar mi conocimiento, que es acción incesante en la quietud. Averiguar a dónde me lleva la inercia de esta vida automática en la que todos los pasos y decisiones han sido fijados por la disposición de cuatro ácidos.
Podré alterar los elementos y probar algo diferente.
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Los clientes se amotinan porque estas expectativas del cerebro cuántico no se han cumplido. Quizá el anuncio era algo exagerado…
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