A estas alturas usted ya intuye que ha escogido una ruta equivocada. No se apure, puede pasar. Si lo ha hecho es porque así estaba predeterminado desde el origen del universo, que ha sido hace un instante (en su tiempo básico). Dentro de este ERROR se abre una vida existencial penitencial llena de alegrismos y borborigmos.
La existencia rastrera que usted soporta le habilita para avanzar en círculos y espiroides hacia nuevas experiencias turísticas vitalicias que siempre acaban por desembocar en la eternidad A, compuesta por su propio albedrío (simulación realista e idealismo numérico).
Usted es a partir de ahora (si pasa de aquí) un ente divino capaz de engendrar y emprender fracasos ilimitados que proporcionarán a millones de seres humanos futuros consuelo y entretenimiento.
Los seres humanos que usted produzca por emulsión de su verbo divino dispondrán por defecto de libre albedrío clásico (es decir, aparente) y accederán sin más requisitos al motor de ilusos que propicia la vida (más o menos el mismo equipamiento que traía usted cuando entró).
