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N O V E L A "Nadie y nada"
C U E N T O S "Familias raras"
.
Ahí enfrente fusilan a Goya
y enseñan a luchar a los niños con sables de espuma sin punta
hoy no han sacado los cañones
Y luego ya se verá. Etc.
-¿Cuánto se debe por esta vida?
-Dos eternidades y un infinito.
-Oh.
-No se preocupe, no vale nada.
-Eso me parecía.
-Ha aguantado usted bien sus propias limitaciones.
-Gracias. Supongo que lo dice por decir.
-Claro, aquí no sabemos nada de cómo les ha ido.
-Ya.
-¿Quiere dejar que el mundo siga a su aire o prefiere borrarlo?
-Ni idea. ¿He de decirlo ahora?
-Es igual
-¿Por qué?
-La pregunta es una formalidad, como un rito… decida lo que decida es lo mismo.
-No lo entiendo.
-Ni yo, soy un empleado.
-¿Y no le da curiosidad?
-Ya no.
-¿Y por qué dice que da igual lo que se decida?
-Al final se elimina.
-¿El mundo?
-Sí.
-¿Y eso?
-Ni idea. Pero creo que cuando falta el protagonista todo se deteriora y… pasa siempre.
-¿Y por qué será eso?
-Ni idea. Quizá es un decorado.
-¿Y las personas?
-Figuración… digo yo.
-¿Y la gente que elige?
-El 58%, que siga el mundo a su bola; el 40%, que lo borremos, y el 2%…
-Pasa de responder.
-Más o menos.
-¿Más o menos?
-Hay errores, barullos…
-Ya.
-Sí.
-Y cuánta gente pregunta como he hecho yo?
-Casi todos.
-¿Y qué les dice?
-De todo. Lo primero que se me ocurre.
-¿Se inventa las respuestas?
-¡Y las preguntas!
-Jajaja.
-Jajaja.
-¿Y qué le dicen?
-De todo. A los que les digo que van al infierno, por ejemplo… no vea cómo se ponen… les sabe fatal.
-¿Se lo creen?
-Ya lo creo.
-¿Y qué más les dice?
-A algunos les doy cuerda… como a usted..
-¿Y eso?
-Para ahorcarse.
(…)
Queridos Presidente del Gobierno, de las Cortes, Jurado que decidió y Consejo que otorgó este premio: gracias, muchas gracias. Señoras y señores, amigas y amigos.
Vengo con la voz a cuestas, representando a nuestro llorado Labordeta en sus palabras, y a ese centón de personas (muchos hombres y algunas mujeres) que decidimos hace medio siglo crear una publicación que impulsase esta tierra nuestra, dura y callada, aún bajo una férrea dictadura. Muchos de ellos han muerto ya, los recordamos con mucho cariño; la mayoría de las primeras horas andamos recorriendo caminos jubilares, pero sin perder rasmia ni criterio.
Permitidme una breve reflexión, sin sentimentalismos, serenamente hablando, llevando no sólo casi medio millar de revistas en la mochila, sino sobre todo cientos de miles de ilusiones y esfuerzos por hacer de este país una comunidad de la que sentirse orgullosos.
Ocupaba este territorio un vacío de colores desvaídos en el mapa, era polvo y niebla; y sol, mucho en verano, para socarrarnos. Había que limpiar los caminos de siglos de destrozos, en que se negaba la existencia del viejo reino, apenas tres provincias enfrentadas y alejadas. Y una censura vil que impedía contar sus grandes problemas y luchar por ellos. Ese silencio de hierro no se podía aguantar. Un largo tiempo de espera nos empujaba a actuar, hablar, escribir, proponer. Aunque supusiera graves riesgos, persecuciones, multas, hicimos el camino, aguantando el temporal.
Nos sorprende muy gratamente contemplar que, a pesar de dificultades y esperas, Aragón se ha vuelto un lugar y un paisaje… humano. Y regresamos a la casa. Hoy, en este hermosísimo palacio, jardín de la memoria, sentimos que pertenecemos a una comunidad viva, con identidad plena, con personalidad jurídica, Cortes que legislan, Gobierno que gobierna, Justicia que defiende a los débiles, amparados por un Estatuto que ha ido mejorando.
Este viejo país tiene su dignidad, derechos, exigencias, equiparados a los de cualquier otro de esta siempre tensa piel de toro a la que amamos y en la que nos sentimos inclusivamente.
Somos una comunidad en pie: como esos viejos árboles, que hasta el último día, caminaremos entonando un gran canto a la libertad, a la democracia, a la justicia. Y en una hora de graves pandemias, guerras, desigualdad y pobreza, es importante sentir que tenemos los aragoneses la posibilidad de unirnos, superando en lo fundamental enfrentamientos, reconciliándonos con el pasado, y ante las dificultades que en este momento se viven, hacer por comprender el sentido, del paso de mujeres y hombres por la tierra.
Dirigimos, en fin, un mensaje a esas generaciones recientes, amenazadas por el paro, la desesperanza, la crisis económica, para que renueven ese entusiasmo por transformar la realidad, porque lo que no avanza, puede morir. Es fundamental la conciencia crítica, que permitió nacer y desarrollarse así esta tierra hermosa. Sí, entre todos, hay que levantar.