La publi invasiva sigue existiendo, se cuela por todas partes, donde menos te la esperas. Cuando no hay tiempo de ver nada, de atender a nada ni de estar en nada, es inevitable enterarse (mal) de todo; los argumentos se siguen a trozos, se reconstruyen los capítulos que faltan, se almacena una imagen y esa imagen es un libro entero, un puzzle confuso y exacto que da el producto recombinado, aunque ya sea otra cosa, otra especie, otro género…
La publi dispersa es ya la historia.
Con las noticias ocurre lo mismo.
Ha nacido otra forma de leer, ver, recibir, enviar, responder, despensar…
