Víctor Juan Borroy ha publicado su tercera novela, “Las manos de Julia“. Es la historia de un asesino que llega a la vejez con sus crímenes a cuestas. Es la imposibilidad de borrar la infamia, que se convierte en la sombra del ejecutor. Es la bondad del vencido, lo que viene a darle la razón, sesenta años después. Sus ideas eran las buenas y al paso de las décadas triunfan en los hechos, en las acciones: el perdón del vencido sirve para que otros puedan vivir. Es una novela ligerísima, veloz como el tic-tac de ese reloj que encarna la historia y el tiempo. Esa levedad cinematográfica de la narración deja un rescoldo en el alma y cuando menos te lo esperas te encuentras al asesino, a los enamorados, al profesor que salva el futuro aplicando su ideal de amor y palabras.
Estas frases se cumplen:
“Amaba la literatura y transmitía la pasión por la lectura y por los libros. Defendía que los seres humanos éramos esencialmente palabras y que con palabras construíamos el mundo, nos apropiábamos de él y podíamos hacerlo más hermoso”.
“Quizá fueran los libros la razón de que en aquella casa del ensanche de la ciudad la luz fuese distinta, la luz que irradiaban las ideas y las palabras contenidas en miles de volúmenes minuciosamente ordenados. Al traspasar la puerta de la casa de don Francisco, tenía la sensación de que la vida estaba allí detenida y los libros podían protegernos del dolor, del miedo y de la incertidumbre”.
“Sin embargo, cada uno de nosotros arrastra el peso de lo que ha sido.”

Pingback: Mariano Gistaín escribe acerca de “Las manos de Julia” | Sabara Editorial