La innovación opera aunque no queramos, porque todo es inédito y veloz. Innovar es lo normal.
La innovación es inevitable, forzosa. No es un mérito individual o empresarial.
El único mérito (lo único que requiere esfuerzo) es oponerse a ella. Oponerse requiere un esfuerzo enorme, puesto que es ir contracorriente. Para oponerse hay que tener mucho que perder. Los primeros que se oponen son los gobiernos.
