Eloy Fernández Clemente ha publicado su tercer tomazo de memorias: se titula “Tesón y melancolía” pero se podría llamar Eloy Big Data. Porque lo cuenta todo. Solo faltan las facturas (que las conserva, pero no se dejaban hojaldrar en los rodillos de la imprenta de Rolde).
Junto a las anteriores entregas, ahí está Aragón de cabo a rabo. La epopeya elóica y eólica (porque se lee con garbo) es total: enciclopédica, encíclica, remugante (en su segunda acepción: “Considerar despacio y pensar con reflexión y madurez algo”).
Gracias. Eloy, por tantos desvelos aragonesísticos. Y por contarlos tan bien. Como dijo el Abuelo, inventaste Aragón (y aquí está la prueba notarial, día a día, con nombres y apellidos).
Con este tomo, hay verano.
Otras dos obras maestras reflejan la crisis que nos ha matado/mutado: la película de Gracia Querejeta Felices 140 y la novela de David Trueba Blitz (relámpago en alemán).
Vistas/leídas a la vez clavan la época ominosa que nos aflige. La crucifican. Estas dos obras maestras (replay) explican el sexenio letal mejor que los tecnicismos de los economistas, para los cuales la crisis ha terminado (¡sic!).
Ahora estamos en la Krisis, con K mayúscula. K de Kafka.
También el Big Data de Eloy refleja el horreur aunque hable de los años opíparos: Eloy es sismógrafo sensibilísimo y su eficaz prosa de periodista tipógrafo historiador a caballo lo pilla todo: Tesón y melancolía.
David Trueba ha colado en las superventas un tratado breve y flamígero, una bomba literaria que es también una novela, unas vidas en autorrescate. Ni una frase, ni un pensamiento, son ajenos al inframundo K (¡Kafka Live!) prekarísimo.
Todo con el humor único que ya es marca DT. La peli de Maribel Verdú es ya un clásico, cine negro radical, dinero dinero dinero (como ya explicó Luis Alegre en su sábana heráldica).
Felices 140 es pura alma atormentada, a mil grados K: personajes, actores y actrices abiertos en kanal, abriéndose al horror diario, costumbrismo atroz exponenciado con una bomba de 140 millones.
Blitz y 140 recuerdan a clásicos como Las uvas de la ira, solo que ahora es aquí. Bueno, técnicamente ya ha pasado. Uf, menos mal.
(Columna de hoy en Heraldo de Aragón)
