El jaleo secesionista viene bien a España y a Cataluña: les da vigor a ambas en plena y mutua decadencia. Es un márquetin de saldo, de restos de serie, pero las dos arañan portadas por el mundo. Es un tema de relleno ideal mientras nos invade el califato conjuntamente, igual que sus antepasados invadieron a los godos mientras discutían de teología. Si se fusionan las oleadas de emigrantes africanos con la monserga de ISIS (Estado Islámico) nos hacen un roto porque la OTAN aún está diseñando el logo. El temazo peñazo catalán de estos años sirve para olvidar la deuda externa de España, que ya va a superar el PIB. ¡Hala que solo falta un empujón! Somos los segundos en deuda externa detrás de USA: ¡una potencia mundial! El régimen/sistema sobrevive pidiendo créditos cada dos días a los mercados -¡qué alegría financiarnos tan barato!- y rezando para que Draghi plante fuerte. El sistema, bien. El resto, si no exporta, aguanta gracias a Cáritas, a la pensión de los abuelos y a aplicar el I+D en el container de la esquina: el emprendimiento es máximo. El vaivén del referéndum catalán tapa también ese 11% que ha subido la luz este veranico; para competir hay que trabajar solo con luz natural. Y con un jadico, como el Supermaño. Y la monserga distrae también del aumento de 72 millones de euros que los partidazos se han adjudicado a sí mismos en los Presupuestos Generales que nos asestaron ayer. Ji ji. Por lo demás, todo bien. En Aragón, a fuerza de lindano, vamos a salir con superpoderes (más aún). Y podremos taladrar el Pirineo para hacer la TCP a tozolones o con los rayos láser de los ojos. Solo falta elegir el sitio.
(Columna publicada en Heraldo de Aragón el miércoles día 1-10-2114)
