Genoma

Sale el genoma por todo. La espiroqueta que llevamos dentro de cada célula ya es paisaje y pronto servirá para decorar estampados, sofás, etc. Vídeos animados e ilustraciones muestran ese misterio que ya ha sido leído, aunque quizá no descifrado, pues siempre quedan flecos y letras sueltas. Se leyó a principios de siglo y ahora se podría hacer una cosa prodigiosa: reparar trocitos dañados para que generaciones venideras no hereden algunos problemas graves. La técnica se llama CRIPS y se ha ensayado en ratones. La ciencia ha corrido más que las leyes y ahora que vamos alcanzando la categoría de dioses, capaces de modelar personas futuras y de mutar genes a precios asequibles, hay que ponerse de acuerdo en las leyes antes de que el mercado se anticipe. Una cosa es operarse la nariz y otra toquitear un genoma para que hijos y nietos esquiven un defecto. La prisa se acelera por todas partes. En Islandia ya han hecho el genotipado de ciento cuatro mil personas, casi el censo. El genoma irá pronto en el DNI, y Montoro lo cruzará con los datos de Hacienda. Obama pone 215 millones de dólares para obtener el genoma completo de un millón de ciudadanos. Todos estos datos tan útiles para la ciencia habrá que mimarlos, no se filtren por ahí. Aunque lo normal es que acaben en el espionaje y la reventa. También se ha desvelado que los humanos tenemos 145 genes sobrevenidos, bacterias ajenas que además realizan importantes funciones. Genes que ya emigraron al principio de los tiempos, así que ya están integrados. Somos más permeables y menso compactos de lo que creíamos. Todo esto incita a la humildad y refleja la maravilla sombrosa del universo, que aún no tenemos ni idea de qué pueda ser, pero siendo el genoma las cuatro letras G-A-T-C, la frase “el verbo se hizo carne” es bastante exacta. También se ha publicado el mapa del epigenoma, que es lo que explica que las células se dediquen a diferentes tareas. El mapa es público, así que cada día somos más transparentes, al menos por dentro. Lo más curioso de la técnica esa del CRISP es que utiliza fragmentos de genoma que son palíndromos: se leen igual al derecho que al revés. Somos poemas vivientes. A ver si volvemos a buenas al bucardico.

(Columna en Heraldo de Aragón, viernes, 27)

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