Feliz Nochebuena y Navidad (Columna en Heraldo de Aragón, 24-12-25)
Iba a poner nochemejor pero tampoco hay que ir tan fuerte ya en el título, pero hoy es un gran día y mejor noche. Y mañana, si lo hay, Navidad. Creas o no creas hay una oportunidad de amor y perdón incluso por contagio.
Excepto hostelería y repartidores, que, como los mercados, nunca cesan. En la enloquecida y muy oscarizada peli “Todo a la vez en todas partes” la protagonista, en pleno caos final, dice a su familia, más o menos: os pido que seáis amables, y más ahora que no sabemos qué está pasando.
Pues eso, que no sabemos menos que nada, así que mejor ser amables, especialmente con quien no lo es. No sabemos nada y en especial no sabemos ni el día ni la hora, pero al menos sabemos cuándo nació Jesucristo y los belenes y comercios y bares están petados de gentío adorante.
La noche es buena y si hay infancia es mejor, no hace falta gastar más de la cuenta, si hay suficiente hay bastante. Estos días casi todo el mundo hace algo por los demás, siempre hay alguien al lado que necesita una mano, incluso tan al lado como uno mismo/a, que suele pasar inadvertido para sí mismo/a por las prisas, pues hasta los niños pequeños notan que el tiempo se ha acelerado ¡en tiempo real!
Mi hermana, ya citada la semana pasada, inventó “prísuli” para estos acelerones –¡prísuli, prísuli!–, y también su sustantivo derivado: prisulite: quien va con algo de prisa. El no saber ni el día ni la hora es lo que nos da por un lado nervios y ansias y por otro ese tirón muscular que viene a ser la trascendencia, cuyo alcance excede incluso a los puyazos & sablazos de hacienda.
Lo bueno de la prisa en Navidad es que tiene más justificación. Mientras tecleaba estas tontadas me he puesto un café y me lo he zampado sin darme cuenta. Vivamos el presente pero no tanto. Feliz noche y día.
