Extras de “Agua y cielo”

 

La familia de don Luis Gómez Laguna obsequió a Leonor la víspera de su boda con una cena opulenta a la que fueron invitados algunos vecinos y amigos del alcalde. Antes del convite, don Luis y su esposa hablaron con la novia. Tras manifestarle reiteradamente su gratitud por los servicios que les había prestado, se ofrecieron una vez más para ir a Aleluya a buscar a su madre y a sus hermanos con el fin de que pudieran acompañarla en el que iba a ser, según ellos, el día más importante de la vida de Leo. El alcalde no tenía inconveniente en viajar esa misma noche o de madrugada con tal de complacerla. La joven agradecía la disposición y la generosidad de quienes hasta ese día habían sido sus amos; sin embargo, se mantenía inflexible en su negativa; arguía que su padre estaba enfermo y no podían dejarlo solo. La dueña perseveraba en el ofrecimiento:

-Si tu madre no puede acompañarte, podrán venir tus hermanos.

-No, señora, mis hermanos tampoco pueden. Si mi madre tiene que quedarse con mi padre, mis hermanas deberán ir a lavar, y mis hermanos van todos de jornal.

-Pero si mañana es domingo. Además, aunque no fuera, siendo el día de tu boda, es natural que guarden fiesta.

-Yo les agradezco mucho su interés, pero no insistan, por favor, es imposible.

Estas porfías desnudaron de pronto ante Leonor un deseo tan profundo que ni siquiera había llegado a vislumbrar hasta ese momento; un sueño que podía hacerse realidad el día de su boda, siempre que ni su madre ni sus hermanos estuvieran presentes en la ceremonia.

 

 

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