Eso que todo el rato tienes ganas de estornudar pero no estornudas… Eso es la vida a veces. Nuevos virus, nuevas bacterias, alegría.
Las bacterias nos forman, somos ellas y poco más. Se juntan y se separan sin pedir permiso al cerebro, que va un poco al buen tuntún, entre el piloto automático y lo que pilla por ahí; entre lo que le llega por guasap y lo que acierta a predecir.
Las bacterias se comunican entre ellas por wifi: cuando dos personas simpatizan a la primera es que sus bacterias han congeniado sin pasar por el cerebro, que siempre llega tarde y siempre tiene una parte ocupada en su mundo ideal, inventado: si persevera en ese mundo, lo hace realidad.
Determinismo o libre albedrío: si crees en el libre albedrío, lo tienes, y si crees que mueves el mundo, pues lo mueves (en parte).
Entre la fe y la ciencia, que a veces coinciden o van embuchadas en el mismo protón.
El consejo de que hay que ser positivo: si lo visualizas ya lo tienes. Si lo crees, existe. Una palabra engendra un mundo, etc.
Y si crees en el determinismo, también lo tienes: el mundo va a su aire, ordenado, bastante incomprensible todavía. Entonces cobran vida las frases hegemónicas del año 14: “Es lo que toca” y “Es lo que hay”.
El enfoque mágico (que más adelante se puede revelar como científico) propone que cada cual produce su realidad, sus éxitos y fracasos (linda un poco con el dogma neoliberal) y su emblema del 14 es el selfie.
Funciona dentro del libre albedrío (aunque también podría funcionar en el mundo determinista, solo que la realidad que propicia ya viene impuesta de antes, de un remoto antes).
Las gallinas se alegran cuando oyen al que les da de comer.
Sobre el heno hay un huevo tibio, algo asombroso: un huevo es un milagro habitual, envuelto en una cáscara de calcio bajo el cielo inabarcable.
La cresta sur de Guara tiende un hilo blanco.
Con un poco de cariño –que tal vez depende de las bacterias, o de la voluntad–, el mundo iría más suave. Con un poco menos de miedo el universo funcionaría igual, o mejor.
Los charcos se han helado. Entonces el sol impacta en la punta de la nariz y estornudas. Quizá estaba previsto desde el big bang.
(En Heraldo de Aragón, hoy)
