El renacido, de Inárritu y DiCaprio, es una película de mucha autoayuda. La ves y te da fuerzas para lo que sea. Lo que sea y más allá. Ayuda a resistir en estos tiempos inclementes, a no sucumbir. DiCaprio, que es un pobre autónomo, aguanta los zarpazos del oso y las penalidades. Recuerda a Dersu Uzala, pelis de antes del cambio climático, cuando había hielo de verdad y nevaba en su fecha. Una luz de tormento, grises del fin del mundo. También recuerda a Dead man, de Jim Jarmush y Johnny Deep, por el río, el humo, los indios, la muerte. La figura del renacido, bien como zombie o como reaparecido, es muy habitual en estos tiempos. Nuestro renacido local, en la zona de ex España, es Artur Mas, que ha resucitado: él y el procés avanzan en parihuelas hacia la tierra prometida dejando un rastro de antisistemas. Claro que uno nunca resucita igual que estaba, siempre vuelve con algún costurón. España o ex España está casi toda en estado de pre resurrección o reaparición. Aquel Rajoy, que solía estar casi siempre medio desapareciendo, se asoma algunas tardes a las pantallitas como un Papá Noel que, pasada la navidad, busca emplearse en Amazon. Su baza es convencer de que impavidez equivale a estabilidad. Una cosa está clara: cuanto más tarda en volver el renacido y cuantos más arañazos lleva, más impacto. Una peli obligatoria para emprendedores.
(Columna semana pasada en Heraldo)
