Rajoy se ha puesto fecha para hablar en el Congreso. Y ha dicho que explicará “el futuro de las cosas”. Ha eludido el nombre impronunciable —”lógicamente hablaré del tema que a usted le preocupa”—, pero le hemos entendido. (Un periodista rumano ha lanzado la pregunta, quizá solidarizándose. Tal vez pensaba que si algún español se atrevía acabaría como Snowden, aunque ese —el limbo— ya es el estado normal de la profesión).
Bárcenas y sus carpetas han desaparecido. El Mundo dice que ya no tiene más material. Y su director ha bajado el pistón. Pero hay algo extraño: el lunes 15 El Mundo abrió a toda portada con este titular espeluznante:
‘Si hablas tu mujer irá a prisión; si callas, caerá Gallardón y se anulará el proceso’
Los abogados que, según el diario, transmitieron ese mensaje mafioso a Bárcenas lo negaron. Pero el gobierno no se ha querellado. La vicepresidenta Soraya dijo que: “la mejor prueba” de que ningún miembro del Gabinete de Mariano Rajoy negoció con el extesorero del PP Luis Bárcenas es que “está preso”. Incluso en España el titular de El Mundo es una acusación muy grave. Ya se ha olvidado.
La semana, de lunes a lunes, ha sido intensa. Y hoy anuncia Ruiz Gallardón que el ministerio de Justicia será “la última responsabilidad política” de su vida. Aún ha añadido, sin que nadie le preguntara por eso, que la decisión la tomó al ser nombrado ministro en 2011. Tal vez ha querido precisar que no lo ha decidido esta semana.
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Otra derivada de la declaración de Gallardón es que los ex ministros y ex presidentes que ocupan altos cargos en las eléctricas y en otras grandes empresas se habrán echado a temblar, porque tendrán que hacerle sitio. Otro más. Aunque quizá no se lo hayan creído.
