Me llamé Ornello Mutis, y luego divagué por el Danubio pequeño de mi arrabal. Ahora me sigo llamando con mi segundo nombre (Segunda Sombrita si juera ella) que lo tomé de la entonces última avenida, que daba al campo prohibido: Luciano Gracia, poeta. Luego leí sus versos y me emociono de ser él, de haber usurpado su nombre para mis tarjetas profesionales, comercial. Aparezco en un informe confuso cuyo original, o uno de tantos, reescribo en sueños para dar también mi versión. Salgo como un secundario, un ser accesorio, que se amanceba con Claudia, remota protagonista en la sombra, hija de un truchimán con aspiraciones a escribir. En esa ciudad de mis sueños, según el informe en que yago, todos están enfermos de literatura. Esa frase justifica los excesos del texto, los delirios y las aberraciones históricas. Cuando redacte mis apostillas, mi prólogo, vendré aquí a contárselo a usted.
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