El hallazgo de restos de lo que parecen juguetes cerámicos ibéricos en Foz-Calanda, en Teruel, nos cuenta que nuestros antepasados ya jugaban a gusto. Los caballitos y otros juguetes podían llevar ruedas, según los arqueólogos. Lo que no se ha encontrado es la cuerdeta. La ciencia ya explica que los animales juegan y hacen cosas solo por disfrutar: David Graeber, “Los animales se divierten” (Letras Libres nº 162). Los restos ibéricos pueden ir del siglo IV al I antes de Cristo, que ya es. Los jugueticos molan, pero lo mejor es que ha aparecido un dado. El primer dado aragonés o protoaragonés. Es un antecedente del guiñote. Como el alfabeto íbero no ha sido descifrado (excepto el “¡có!”) no sabemos qué significan los signos de las seis caras del dado. Pueden ser números o puede que no. Es un enigma digno de los mejores cerebros humanos y softwarianos. A lo mejor el dado contiene el acertijo definitivo del adn, que en vez de funcionar con las cuatro letras de siempre (G, A, T, C), lo hace con seis. Con seis letras –las caras de un dado– el adn iría mucho mejor. Y daría más juego. Ahora se ha descubierto por hermoso azar que el cerebro está conectado con un ramal propio al sistema inmunitario, que era lo lógico; hasta ahora se pensaba que se relacionaban por wifi interior. Cada día se descubre algo mejor, aunque de momento nada de eso sirve para tener luz barata… o gratis. En cuanto surge un invento el gobierno le clava un impuesto y una multa, por si acaso. Con ese dado ibérico, y guardando las proporciones, se podrían apañar los pactos de gobierno en una tarde.
(Columna de ayer en Heraldo de Aragón)
