Levantar el secreto de sumario ha aliviado las conversaciones de navidad y ha permitido al gobierno recortar en segundo plano.
No se venden más coches porque mucha gente aún no se ha enterado de que ha cambiado el gobierno y todo va bien.
La prueba de que gobiernan los bancos es que cada ministro da una cifra diferente del déficit: según la entidad que lo maneja.
La incertidumbre es mala: EE.UU. debe decidir ya la próxima invasión.
