Despierto sabiéndome mortal de Octavio Gómez Millán se presenta en Antígona el 30 de enero

El realizador Sergio Duce se encarga de este tráiler sobre la obra de teatro Despierto sabiéndome mortal que edita los libros de la Imperdible y que presentaremos en la Librería Antígona el próximo 30 de enero.

La obra, escrita en forma de monólogo, unas veces interior y otras de diálogo con un espectador que contempla la última ensoñación del poeta Sergio Algora, recorre alguno de los momentos de la vida del creador: sus comienzos como poeta maldito al modo de Leopoldo María Panero y tecnosiniestro de finales de los ochenta, con abrigos largos, escuchando a JAPAN o escribiendo textos con títulos tan sugerentes como “Los Mestizos intentan explicar a un simpatizante de Joy Division lo difícil que es dormir con luna llena”, el adolescente que lee a Alberti y escucha a Lágrimas de Mermelada en la m-tro. Que avanza en los ochenta haciendo fanzines con Alberto Calvo, pinchando en el Sopa de Letras, escuchando a Luis Felipe Alegre recitando poemas de Ángel Guinda (una noche Guinda fue llevado a hombros por los poetas Gracia y Algora hasta ser depositado en un cubo de basura). Las presencias de compañeros en el camino: Mariángeles Cuartero, Helena Santolaya o Jesús Jiménez. La época en la que tenía un puesto en el rastro de la Plaza de Toros y donde vendía cintas de cassettes grabadas de Golpes Bajos o Gabinete Caligaria y su compañero de puesto era un yonki que apareció un día con una canoa que puso a la venta. Los poetas de la época, los veteranos, Manuel Estevan, los jóvenes, Fernando Andú. La obsesión por Javier Corcobado. Sus años de éxito con el Niño Gusano, la enfermedad, la compañía de Óscar Sanmartín y Pedro Vizcaíno, Plasticland. Una actuación en Rincón de Goya para una fiesta del Shaman que retransmite una primera versión de la televisión aragonesa. Sergio recuperándose de la operación que le traía la fiebra todas las noches con el pelo muy corto presentando su disco El escarabajo más grande de Europa. Nona Rubio y Javier Benito. La muerte, como canta Scott Walker a través de Brel. Una fiesta de la Estación del Silencio a mediados de los noventa en la que Bunbury reaparece después de dejar Héroes del Silencio y el Niño Gusano (Algora era camarero a tiempo parcial en la Estación) aparece en una especie de desfile olímpico con una cartulina que pone Puerto Rico (Algora compraría años después una camiseta con Puerto rico estampada y la llevaría muchas veces en directo, su amigo Fernando Frisa montó una banda de versiones con ese nombre que tocó una sola vez como teloneros en un concierto de Kevin Johansen que montamos los del fanzine Confesiones de Margot). El amor era una cinta de David Bowie en la que se repetía una y otra vez la misma canción, una del Hunky Dory (cuando vino a tocar Bowie a zgz fue lo que contestó a una pregunta de la extinta Linacero Express). Una noche en Sal a Remolinos donde presenta Paulus e Irene y un desconocio, que le ha invitado a recitar, le anima con sal todavía entre los dedos. La fiebre que vuelve con la Costa Brava, la enfermedad no se va, el sintrom lo acompaña, pero muchas mañanas la noche le traiciona y no puede levantarse. Parece una broma, una mala canción de Mecano. Empieza a pensar en Gauguin y en huir a la islas Marquesas. Viene a vivir conmigo una temporada. El amor, otra vez el amor, el nuevo amor que llega y le devuelve la ilusión. La de las nuevas bandas, la de las canciones, Muy Poca Gente, el día que Félix Romeo llevó a Rodrigo Fresán al Bacharach. Fresán tenía un volcán en la finca de su mujer. Algora se abrió la camisa y le mostró su cicatriz. En la Caja de los Hilos se le acercan dos chicos jóvenes, son Javier y Antxon, de Kiev cuando nieva. Le pasan una cassette con sus primeras grabaciones. Una de ellas le fascina y la graba en el primer disco de La Costa Brava. Vamos mucho por el Candy Warhol, pinchamos canciones raras, versiones, rumba y tropicalismo. Rubén de Zona de Obras le regala un disco de un grupo que se llama Pequeña Orquesta Reincidentes. Nuestros años felices. La recaída, vuelve al hospital, quiere dejar la música, solo dedicarse a escribir. Éxito como cuentistas. La novela sobre los Sitios de Zaragoza. Maribel. Hay una cosa que le obsesiona, Boris Vian. Cree que puede morir como él, del corazón, antes de cumplir los cuarenta. Me lo repite en una comida de domingo, me regala la única biografía en español que hay de Boris Vian. Hablamos de Arrabal, somos patafísicos sin saberlo. En todos sus poemas avanza su muerte, con detalle. Cuando se marcha, sus amigos recibimos su visita en nuestros sueños.

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