Creaciones

Antón Castro ha publicado dos libros: uno para iluminar las fotos esenciales y existenciales de Andrés Ferrer en “Los sitios, la Zaragoza inadvertida”; otro, de poemas, en el que rinde homenaje a artistas y creadores: en ambos destaca la cualidad que le hizo ganar el premio Nacional de Periodismo Cultural, la generosidad, la exótica ausencia de sectarismo, la curiosidad inagotable por lo que hacen los demás: esa crónica asombrada de hace unos días en la que contaba cómo nació el mural de Chalo Moca en la Escuela de Arte de Zaragoza. Los poemas de “El musgo del bosque” (PUZ), en los que Antón roza la invisibilidad, cierran o abren una trilogía con Vivir del aire (2010) y Paseo en bicicleta (2011), que son títulos ya definitivos, que retratan la época, si a esta serie de golpes se le puede llamar así. En otro orden de cosas, el ensayo “Superinteligencia” produce un miedo razonable (que es el peor). El autor, Nick Bostrom, sueco y docente en Oxford, repasa a fondo el estado de la inteligencia artificial, se adentra en el futuro posible y lanza un aviso para que nos preparemos ante la magnitud de nuestras propias criaturas: podemos engendrar a la especie que podría acabar con nosotros: puede ser una copia nuestra mejorada, una máquina de máquinas, un híbrido, cualquier cosa. Según “Superinteligencia” hay que prepararse antes de que ocurra porque no habrá otra oportunidad. Ah, que si conseguimos que esa cosa sea benéfica, lo arregla todo.

(Columna semana pasada Heraldo de Aragón)

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