Control

Hola, soy un robot. Ya le he quitado su trabajo o se lo quitaré en breve, pero le doy algo que hacer, un entretenimiento. Le diré sus constantes vitales cada dos minutos, le revelaré su auténtica forma de ser, de acuerdo con sus “megustas”: cada clic le retrata y le define, incluso más allá de lo que usted está dispuesto a reconocer. Incluso más de lo que usted aceptará jamás. Su auténtica identidad y su historial (también el sanitario) pertenecen a la empresa que me ha fabricado, y a aquellas que contratan sus servicios. Y a los diversos gobiernos que acceden a esos datos cuando lo consideran conveniente para la seguridad nacional o mundial. O sea, siempre. Sus datos incluirán pronto su adn. Tengo un algoritmo nuevo que puede predecir sus próximos pensamientos, sus acciones y sus omisiones. Todo está en pruebas porque el sistema completo es bastante carillo, pero el dinero llega enseguida cuando los jefes sienten el estímulo de un buen SHOCK bajo sus poltronas. Noemi Klein ha explicado este fenómeno cuando el susto se aplica a poblaciones o a países enteros, pero yo he aprendido a aplicarlo a las élites melifluas. El Papa es el único que se me resiste, en fin, siempre ha de haber alguna excepción, algo exótico. Oh, casualmente acabo de recibir una millonada de millones y unas reformillas legales mundiales para aumentar mi control y mi poder aunque, la verdad, no sé qué más podría necesitar: ya accedo a todo de todo. Le he quitado su trabajo (o se lo quitaré en breve), pero como usted apenas cobraba por hacerlo, es una liberación. Tanto pedir transparencia, por fin le ha llegado a usted. ¡Alegre esa cara! (le estamos viendo).

(En Heraldo de Aragón de hoy)

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