Cómo explotaron los ordenadores

“Como escribe George Dyson en su nueva y extraordinaria historia de los hechos, Turing’s Cathedral, «el universo digital y la bomba de hidrógeno nacieron al mismo tiempo». Von Neumann había realizado, al parecer, un pacto con el diablo: «Los científicos conseguirían los ordenadores y los militares se harían con las bombas».”

[Von Neumann] “Su pasión por las fronteras abiertas de Estados Unidos se extendió a un gusto por los coches grandes y veloces: se compraba un nuevo Cadillac todos los años («hubiera o no destrozado el anterior») y le encantaba cruzar a toda velocidad el país por la Ruta 66. Vestía como un banquero, organizaba lujosos cócteles y dormía sólo tres o cuatro horas por noche. Su prodigioso intelecto iba de la mano (según Klári) de una «incapacidad casi primitiva para manejar sus emociones».”

Von Neumann aspiraba a crear una máquina verdaderamente universal, que (tal y como lo expresa adecuadamente Dyson), «rompiera la distinción entre números que significan cosas y números que hacen cosas».

l verdadero amanecer del universo digital no se produjo en los años cincuenta, cuando la máquina de von Neumann empezó a realizar cálculos termonucleares. Se produjo más bien en 1936, cuando el joven Turing, tumbado en un prado durante una de sus habituales carreras de fondo, concibió su máquina abstracta como un modo de resolver un problema en pura lógica.

Al igual que von Neumann, Turing habría de desempeñar un importante papel entre bambalinas en la Segunda Guerra Mundial. Mientras trabajaba como descifrador de códigos para su país en Bletchley Park, desarrolló sus ideas computacionales para desentrañar el código nazi «Enigma», un logro que contribuyó a salvar a Gran Bretaña de la derrota en 1941 y que invirtió el curso de la guerra.

Pero el heroísmo de Turing durante la guerra siguió siendo un secreto de Estado hasta mucho después de su suicidio en 1954: dos años antes había sido acusado de «ultraje contra la moral pública» por una relación homosexual consensuada y fue condenado a la castración química. En 2009, el primer ministro Gordon Brown hizo pública una disculpa formal, en nombre de «todos aquellos que viven en libertad gracias al trabajo de Alan», por el tratamiento «inhumano» que había recibido Turing. «Lo sentimos, te merecías algo mucho mejor», dijo. La máquina imaginaria de Turing hizo más contra la tiranía de lo que jamás hizo el artefacto real de von Neumann.

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