Del capítulo 4 de “Amor y nervios”

A qué tantos colores

Soy Linda, aunque mi nombre actual es Pepi Ramos; soy
investigadora asociada en la Agencia de las Realidades que dirige el
doctor Mueso, cuyo nombre oficial es doctor Quieto (aunque su
verdadero apellido es Serio). Al profesor le gusta tener varios
nombres, según los cometidos que desempeña, y también intenta
que los empleados de la Agencia hagamos lo mismo. “Sed variados
—nos dice—, dejad en libertad a vuestros yoes perdidos, los que no
pudieron salir en su momento”.

En la Agencia de las Realidades, cuantos más nombres tienes,
más valorada eres (y más cobras). Complica la gestión de personal,
pero el doctor dice que, si consideramos todos los factores en un
periodo largo, compensa. Él está convencido de que trabaja(mos)
para la eternidad. También explica que, cuando una persona se
cansa de trabajar —o de estar—, otra (que es la misma) puede
seguir en la tarea y aumentar la productividad de las dos. Pero lo que
más me gusta de la Agencia es que te da mucha libertad para elegir
las líneas de investigación. Y siempre hay sorpresas; los lunes son
espectaculares: El profesor Riesgo (este nombre se lo he puesto yo,
es una licencia poética, o profética) mantiene un equipo secreto de
asesores externos sólo para “desbordar” los lunes.

La Agencia se dedica a investigar realidades extrañas, cosas que
suceden en el mundo. Ahora hay una realidad nueva, pero la
tenemos dentro. Todos los trabajadores están alterados por ese
autodefinidor con nombre de descapotable que dice que lee trozos
de ADN, palabras perdidas, sueños olvidados. Hasta el chico ese
que hace de suplente de Santos, Barack Osama, ha sucumbido a la
curiosidad o a la llamada del programilla y ha entrado a verlo; vamos
a tener que hacer cola, como si fuéramos a consultar a un oráculo.

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