A lo tonto a lo tonto vamos a ver grandes mínimos cambios. Ya estamos viendo algunos: el presidente de Aragón afirma que las comarcas son un fracaso mientras firma el cheque para las comarcas. Aragón se consagra como la plataforma ferroviaria y logística de Cataluña, lo que sella por vía férrea el antiguo vínculo de la Corona de Ídem, que era una cosa práctica, comercial. Estamos viendo más cambios: los grandes pelotazos, las contratas vitalicias y los fajos de billetes escondidos en colchones playeros se sustituyen, de momento, por un bote de fijapelo o gomina, lo que supone un ahorro notable y un gran paso hacia la austeridad: si se mantiene ese nivel de despilfarro cosmético y esa corrupción de mínimos podríamos llegar a una productividad pública desmesurada (lo que aumentaría el paro exponencialmente porque la corrupción estándar, como en su día el lindano, mantiene a muchas familias). Además, el acuerdo alcanzado ayer entre PSOE y Ciudadanos elimina las diputaciones provinciales, que son las instituciones más antiguas de España. Quitar las diputaciones es un cambio antropológico y genético que no van a saber valorar las agencias de riesgo. Las diputaciones son el Estado: los partidos clásicos tienen a su núcleo duro colocado en las diputaciones, así que tendrán que reubicar vitaliciamente al personal y el gasto será similar (más el traslado y hacer sitio a los nuevos). Es la revolución: que corra la gomina.
(Heraldo de ayer)
