“El 9 de febrero de 1951, el Dr. Abril, presidente del Real Zaragoza, C.D. dio el siguiente paso en busca de la construcción de un nuevo campo, aceptando la opción de compra del estadio de Torrero, para, con el campo en posesión, poder venderlo en busca del saneamiento económico del club.”
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Durante los 9 meses que duraron las obras, que se llevaron a cabo bajo la dirección de D. José Beltrán, se comenzó a buscar nombre para el nuevo campo. La publicación Zaragoza Deportiva realizó una encuesta entre sus lectores en busca del nombre preferido por los zaragozanos y el elegido fue “Estadio de Miralbueno”. A pesar de todo ese clamor popular, Luis Gómez Laguna decidió llamarlo “La Romareda”, como el nombre de la partida donde estaba enclavado el campo nuevo. Las protestas populares arreciaron debido al género femenino del nombre, pero, una vez que se vio el nuevo campo, la satisfacción hizo olvidar las discrepancias que había suscitado el nombre.
