Burbuja leguleya

Los nuevos se abren paso a codazos y hay que hacerles hueco. Claro que para los que se han repartido y heredado el solar durante décadas, esta avalancha no sirve de gusto: claro que casi nada de lo que pasa sirve de gusto en general. El mangoneo se atomiza: hay que pactar hasta la hora de pactar. Como para ponerse a pensar. Cintura cimbreante, firmeza elástica, prietas las filas en el búnker. Cuarenta disposiciones legales al día ha padecido España. Parece excesiva reglamentación e intervencionismo. En 2012 se promulgaron en España 13.157 leyes (CEOE), una ley cada hora y media. Quizá este oasis de interinidad que nos vive responde a una reacción fisiológica: la parálisis puede mitigar el colapso. Ha habido burbuja legislativa y leguleya. Tampoco parece que tantas leyes hayan servido para nada, pues que el mangoneo impune y la chanchullística hispana perseveran y se afianzan, excepto por la irrupción de los nuevos partidos, que se han quedado a medio irrumpir: han entrado justo lo suficiente para atascar una maquinaria enloquecida. Claro que ellos querrán legislar. Ejemplo de nulidad: vas a un hospital de otra CCAA y tienes que llevar el historial porque no constas: un español, valga la expresión, fuera de su CCAA, es un refugiado. Europa abomina ahora de la precariedad laboral decretada en España. Puesto que cada ley viene a costar un dineral (como poco, en papel y pendrives), hay que convenir que este interinato es un alivio.
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(Columna de ayer en Heraldo de Aragón)

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