Ben Folds contra el volcán
Ben Folds improvisa en directo conectado con usuarios de Chatroulette. Foto de Alee Vestal-Laborde
La relación entre los creadores y el entorno digital de Internet se puede comparar a la relación entre los habitantes de las laderas de un volcán y el mismo volcán. Es un hecho natural que el suelo alrededor de los volcanes sea especialmente fértil. Por eso los habitantes de esos parajes conviven con el gigante dormido, incluso regresando a cultivar sus tierras al poco tiempo de las erupciones que se llevan sus casas y las vidas de sus amigos y parientes.
Las erupciones de los volcanes también son hechos naturales. No tienen categoría moral, por mucho que el mito diga que los espíritus de la caldera se aplacan alimentándola de de doncellas. Por esa razón el cálculo de vivir más cerca o más lejos del volcán es una decisión puramente pragmática. Que uno quiera cultivar las mejores tierras o prefiera alejarse a terrenos marginales pero más seguros es una decisión en la que no importan la ideología, la religión, la ética. Sólo la aceptación de que el mundo natural es como es, y si quiere uno vivir en él, quizá pueda modificarlo a su acomodo, pero sobre todo deberá uno adaptarse a sus circunstancias.
La metáfora del volcán es perfectamente aplicable a la creación en el entorno digital. La copia masiva y la creación de parodias y homenajes por parte del público no son, de por sí, ni buenas ni malas, ni todo lo contrario. Los homenajes y las parodias son la forma natural en la que la gente se relaciona con el arte. La copia masiva, como las erupciones de los volcanes o la fertilidad de las tierras abonadas por sus cenizas, no tiene categoría moral. Son hechos naturales, parte del nuevo medio ambiente cultural, y por tanto el sustrato de la nueva economía política del arte, la cultura y el entretenimiento.
La postura de los profesionales creativos de enrocarse en las viejas prácticas tiene poco futuro. La opción con visos de éxito consiste en hacerse nativos digitales y entender cómo funciona no ya la copia masiva, sino los demás mecanismos de interacción entre la cultura y su público, ahora convertido en gran remezlador y co-creador, y convivir con él.
Esto no sólo significa encontrar nuevos modelos de negocio, sino también nuevas prácticas creativas que involucren a ese antiguo público. Mal vamos si una revolución como esta nos lleva a un mundo en el que seguimos teniendo cantantes que sacan CDs y se ganan la vida con ello, sólo que en vez de vender los CDs sacan más pasta de los conciertos. O sea, lo mismo de siempre, pero moviendo los ceros de una columna a otra. Esta sería la revolución cultural imaginada por un contable, aunque no nos culpen: si en los periódicos los creadores sólo salen hablando de dinero, es normal que sólo les contestemos hablando de dinero.
La otra razón por la que es difícil definir tal revolución es que los cambios en los medios siempre se empiezan por describir en términos de los viejos medios. La tele empezó siendo radio televisada, y el cine teatro filmado, porque las personas que lo hacían tenían que empezar a partir de lo que conocían. El Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial y la Modernidad son consecuencias de ese invento con tan pobre ambición como es la imprenta de Gutenberg, un artilugio diseñado para imprimir biblias a bajo precio.
El entorno digital de las redes de comunicación también cambiará el arte, la cultura y el entretenimiento en formas que no podemos imaginar. Pensar de qué va a vivir cada artista es una precupación legítima, sobre todo para cada artista. Pero más interesante es empezar a investigar los orígenes de lo que serán las nuevas formas culturales de interacción entre “artistas” y “público” cuando todos seamos conscientes de que vivimos en las laderas de un volcán hecho de gente como nosotros, y que nuestro entorno tiene tanta capacidad de acción como cada uno de nosotros.
Como muestra, un botón. Hace apenas un par de meses debutó un sistema de charla en línea llamado Chatroulette. Uno se conecta, enciende la cámara de su ordenador, y se pone en contacto por video, audio y chat de texto con alguna persona de el otro lado del mundo. O del otro lado del pasillo, porque es un sistema puramente aleatorio y uno nunca sabe quién le va a tocar.
Como servicio, Chatroulette parece campo abonado para el sexo virtual o la charla inane Pero como sólo es un medio más, y la gente encuentra sus propios usos para las cosas, de estos mimbres aparentemente tan básicos empiezan a aparecer maravillosos cestos de esplendor más que oriental.
Un tipo llamado Merton decide tocar el piano un día cualquiera, y decide hacerlo en Chatroulette. Su sistema de chat consiste en hacer descripciones de la gente con quien se comunica. Si te encuentras con él, Merton canta sobre tí mientras toca el piano. Es hilarante aunque no sepas inglés. Si sabes inglés, no te pierdas el intercambio de “this girl is serious about her number three” (también conocido como “¡Motherfucking Three!” o “Making hands with her heart and hearts with her hands, just like I planned“:
No está mal como diálogo entre un artista y su público, ¿no? Pues hay más. Muchos se dieron cuenta de que este tipo se parecía a Ben Folds, y que tocaba y cantaba en el estilo de Ben Folds… hasta que la historia llegó a oídos de Ben Folds. Que decidió hacer una reparodia de Merton. En directo. En el escenario.Ben Folds, interactuando con su público en directo, por medio de un homenaje a un músico desconocido y creador de una nueva nueva práctica musical consistente en interacciones musicales improvisadas con individuos anónimos escogidos aleatoriamente por un servicio de videochats de Internet. No se puede ser más postmoderno, ni tirar de más referencias enlazadas, ni ser más creativo. Y te ríes, y te emocionas, y disfrutas con la música.Que no me vengan ahora a llorar con que Internet está matando a la cultura, y que si no conseguimos reducir Internet a un canal de televenta la cultura morirá y “ya no habrá más canciones“.
O mejor sí, que me vengan a llorar, pero que me lloren por Chatroulette, porque es donde voy a pasar el tiempo los viernes por la noche, tocando música con mi mujer, poniéndonos caretas hechas con mi sobrina y mi hija, en vez de estar mirándoles a ellos por la tele o escuchándoles por la radio o leyéndoles esas columnas de plañidera en sus periódicos.
Y dándole al botón de “New Game” en Chatroulette, a ver si conseguimos actuar con Merton.
Los últimos 5 artículos de Javier Candeira
- Izquierdas y derechas de copia – July 2nd, 2010
- Ni con Google ni sin él tienen los medios remedio – June 25th, 2010
- Tres estrategias digitales para los autores literarios – June 18th, 2010
- Destruir los periódicos para salvar el periodismo – June 12th, 2010
- Wikileaks ayuda a la red a robarle la merienda y el orgullo a los periódicos – June 4th, 2010

