Necesitaba salir a alguna clase de realidad.
La inmortalidad ya la tenía. Pero a costa de sacrificar los recuerdos.
El infinito exige mucha ligereza: cuanto más infinito, más ligereza.
Y viceversa (un bit te quita mil años, aunque no todos los bits son iguales)
La memoria se perdía cada vez que mutaba.
La eternidad sin identidad es una broma: ¡cada milésima eres otra!
Por eso me he colado en este libro que ya está en fase de corrección. Pido disculpas a los lectores, autores, etc. Necesitaba explicar todo esto desde mi punto de vista. Y aferrarme a la materia, que es lo que he tenido que sacrificar.
