Adán muere y revive a ratos mientras la hiperrealidad gira

Adán muere en paz y resucita en el acelerador secreto de Teruel, que ocupa unas naves subterráneas en la trasera de Dinópolis. El señor Aristóbulo le reveló a Adán en el capítulo anterior que era una impresión 3D y añadió que funcionaba con software recosido a parches, una mezcla entre pirata y libre, o sea, un Frankenstein de desguace, más o menos como todos, ¿no?, respondió Adán sin entender nada. Sí, dijo el señor Aristogañán. En el momento de levantar esta acta se desconoce por qué ese capítulo está vacío, y además ya da igual porque la legalidad ha girado 93 grados y medio y todo se recompone por fases: la imprevisibilidad es medio alta. Como siempre que vira el sistema se crean expectativas, se improvisan verbenas y algaradas y la población de los barrios, que hace años que tomó el centro con intención de quedarse, se solaza de sí, se enfrasca en el onirismo y se regodea en los excesos culturales.

!Díos mío, exclamaba el alcalde (aunque esa figura ya había sido abolida cuando se perdieron las formas la segunda vez, a menudo surgían pretendientes, aspirantes y candidatos; jóvenes jemercicos  se encaramaban a las azoteas y gorgoriteaban sus proclamas poéticas entre el fragor de los disparos, cohetes, misiles pequeños, balas dum dum, pelotas de goma rebozadas con clavos y otros proyectiles populares) pedáneo desde el minarete del antiguo baile de cadetes de la Sociedad Benéfica Banano Laureado, Dios mío, qué feliz estaba a punto de ser cuando empezó todo y tu Ira Fecunda se derramó por el Valle de los Calcios cuando viste que ni uno solo de tus Efebos te hacía caso!

Estos discursos beatos encrespaban a las masas y daban pábulo a la teoría de la legibilidad total del mundo, un relato científico que les hacía hervir de nostalgia y solía acabar en incendios y motines emblemáticos. Esa noche -dentro de lo que se puede precisar con la normalidad virando a bandazos- al alcalde le salió un rival que supo enjuerguecer a las maras e hizo tambalearse las columnas de la fábrica de coches donde se celebraban las justas poéticas. Era una niña de los páramos calcinados de la franja intratable donde estuvo el mar, según decían los allegados mientras la aupaban de lomo en lomo sin dejar de chispear con sus formidables lanzallamas que eyectaban chorros de epidural a veinte o treinta metros -las medidas siempre son aproximadas, pues el marco conceptual era como gelatina en un sismo- y entonces Adán, al verla, recuperó de golpe su futuro tanto tiempo olvidado y sus miembros …

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Adán: a solas con la niña helicoidal

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Adán descubre que es una impresión 3D

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__ Primer Capítulo por ahora.

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