Inflemos esos datos buenos, pardiez. Es posible que se nos fuera la mano depredadora al vender y comprar tantos eriales que ya no sabemos ni de quién es cada hectárea, quién mandó este email y cuántas tuberías nos dejamos por hacer. Ahora tenemos que recomponer todo aprisa y corriendo antes de que pase algo o alguien y lleguen a nuestros discos duros los nuevos bárbaros o los inspectores alemanes o el mismísimo Obama, que todo lo fisgonea. Menos mal que la Liga no ha sucumbido a los garfios del fisco y la impunidad de esa mística pelotonera es lo que aguanta el país. Tenemos que mover las deudas de un negociado a otro, de aquí para allá y viceversa, antes de que llegue lo que tenga que venir. Tenemos que dar pagas extras aprisa y corriendo; abramos los grifos, los créditos, la santa emprendeduría, la formación ad hoc hic et nunc por fin now. Que corra la garnacha. Demos meriendas por esos colegios: que los bomberos rugien leche y sopa. Acuñemos tarjetas benéficas a saco y liberemos los saldos que durante tanto tiempo han estado enfoscados. Cascos gratis para los universitarios. Lo que sea. Que nadie rechiste; cesen las inspecciones, las multas y las levas. La Ley del Embudo ha sido promulgada y ya nadie se atreverá a salir de casa fuera de horas ni a reunirse ni a manifestarse ni a mandar un tuit. Que haya bailes y ferias y corra el vino y el embutido por las comarcas y los suburbios. Que toquen los pífanos y se publiquen loas y ditirambos, églogas y misceláneas de nuestro insigne porvenir. Que no suba la luz hasta que pase todo. Que corran las medicinas y vuelen los ansiolíticos. Guasapead hasta que os ardan los dedos. Ya lo recuperaremos luego.
(Columna de hoy en Heraldo de Aragón)
