El Rey Juan Carlos ha salido al quite de los mercados. Lo sabemos por el nuevo presidente del Gobierno de Baleares (aquí habría que insertar la calificación de Standard & Poor’s sobre su deuda: a partir de ahora será obligatorio citar esas siglas al mencionar a cualquier entidad. Como Aragón mantiene el AA y Baleares, a efectos globales, forma parte de la Corona de Ídem, podría colar, a pesar del mini default de anteayer).
La buena noticia es que el Rey camina sin muletas. Eso debería bastar para que los mercados aflojaran el pedal sobre la deuda de España. Cuatrocientos golpes son demasiados hasta para el BCE, cuyos jefes no se estresarán hasta que el 15M se les encarame a las verjas de sus mansiones. El caso es que España está bailando en el filo del 400 y ya nadie se atreve a encender el aire acondicionado, no vaya a ser que pete algún indicador.
El Rey ha salido a defender a la patria, pero como aún anda en pruebas y no se fía de hacer el tiqui taca, no se ha atrevido a lanzar un exabrupto como el famoso Por qué no te callas. Además, los mercados no son una persona. No se les puede mandar callar como a un canciller. El mismo que eventualmente se rebota contra sus diletancias puede a su vez formar parte de esos mismos avariciosos e implacables ‘mercados’ si ha incurrido en el capitalismo popular.
¿A partir de qué cantidad invertida dónde empieza un ciudadano español o italiano a sentirse más próximo a los mercados que a su patria o viceversa? Habría que echar cuentas.
Entonces el mensaje del Rey ante el abismo de los 400 golpes lo ha dirigido a los propios responsables del país, les ha dicho -según el presidente balear-, que ‘hagan piña‘. Aunque sea por vía indirecta es la primera declaración regia desde la crisis del pino en la tripa, felizmente restañada. En el lenguaje llano y castizo que le caracteriza, el Rey ha venido a decirles que formen un gobierno de coalición, que es la única forma de ‘hacer piña’ en esas instancias. No se puede hacer piña de otra manera. No se puede hacer piña por SMS.
Habría sido más rotundo dirigirse a los propios mercados, pero el Rey ya sabe, como todos, que es inútil. Las declaraciones no sirven de nada. En todo caso, mandar un jamón a las agencias (alguna ya ha reconocido ante el Senado USA que aceptan propinillas).
Zapatero lleva horas haciendo piña telefónica, llamando a toda su agenda, incluyendo a los gestores de la Unión Europea, que para ser una cosa meramente económica se maneja fatal en ese ambientillo. A las 19.30 la Moncloa hace saber que ZP se reúne de urgencia con algunos ministros, lo que seguramente ayuda a que baje la bolsa. Aunque las elecciones las ha convocado para dentro de una eternidad -¡cien días de deuda!-, es ya un gobierno en (de)funciones. Hay que hacer piña de verdad. Un gobierno de coalición, encerrado día noche a fuerza de bocatas.
Al final, ese gobierno de emergencia, comandado por el Rey ya sin muletas, tendrá que instalarse, cual campamento indignado de segunda generación (con dietas) a las puertas del Banco Central Europeo, ante la casa de Merkel, en Bruselas, en Wall Street, etc. Es lo que tiene la globalización, no se puede ir uno a Doñana, no se puede parar.
