Un puñado de predicaciones en el desierto.
Un florilegio de jautadas.
Mis oraciones y versos del caminante.
El libro de horas de este obispo copto vuestro que soy.
Mi cuasi-autorretrato impresionista.
Mi manera de decirte que te quiero.
Un breviario de buenas intenciones.
Un prontuario de zaragocismo.
Un manual de supervivencia.
Un ramillete de fruslerías.
Más de trescientas victorjuanadas.
Mi cuaderno de bitácora.
Unas cuantas sisampadas.
Un tratado de pasiones.
Un manual de la buena crianza.
Un catecismo de ternuras.
Una declaración de amor a Aragón.
Para el palabrero que soy, Vademécum es una tortura.
