Al fin se anima la blanda primavera espa?ola. Los ayuntamientos recalifican sus eriales sin complejos. Marbella vuelve al glamour de anta?o, la polic?a quiere heredar el jet del asesor Roca, la cuarta fortuna del pa?s, un multimillonario clandestino. Esa mansi?n descomunal llena de retablos y fieras disecadas evoca al Ciudadano Kane.
La escopeta nacional se ha convertido en todo un armero.
Se va el ministro Bono tras celebrar de nuevo su primera comuni?n. Ha subido el sueldo a los militares y ha anunciado la reestructuraci?n de plantilla para generales y coroneles, una ley Aza?a. Se conmemora el 75 aniversario de la Rep?blica en un secarrizo entregado al golf.
Otegui se divierte en uno de sus minijuicios, que parecen pensados para darle m?s cuota de pantalla. Los vaqueros y esa relajaci?n ante la Justicia le dan ya la victoria en las urnas.
No hay primavera sin torero: asistimos a dos ceremonias en las que los espadas son meros consortes: el fraude de las jubilaciones por incapacidad de C?diz y el regreso a casa de la tonadillera. La fiesta decae.
