–¿Cuánto tiempo tengo?
–Lo que te quede.
–¿Y es mucho o poco?
–La frase, corta.
(…)
(…)
–Yo no lo llamaría resumen… mi vida completa cabe en una frase.
–Pues hala, espabila.
–¿Por?
–Es la hora.
–Pero no me sale.
–Tú lo que quiere es aplazar la estancia…
–
No te lo tendré en cuenta
La gracia indefinible de la escritura
–Traigo todo esto para ustedes.
–No estamos.
–¿Y qué hacemos?
–Al no estar no podemos hacer… nada.
–¿Y no podrían estar aunque fuera en otro formato?
–Es que estamos muertos.
–¿?
Ir al río, vagabundear descalzos, explorar buhardillas, escondernos por los patios, entrar en edificios misteriosos, hacer hogueras en las callejuelas que suben al castillo…