gistain.net < FUGA EN LA FÁBRICA DE CEREBROS

Llega un inspector
Al fondo del almacén había una bancada de cerebros trabajando a 1000 RPM. Como los sobrealimentaban a base de esteroides caducados, el ambiente era de euforia contenida. Alguno chisporroteaba.

—Los cuerpos esperen fuera—, ordenó el ingeniero social.
Al no llevar cerebro, los cuerpos iban más sueltos; se movían con elegancia, como si flotaran. Pero no obedecían.
—Es lo que tiene el hardware—, explicó el ingeniero social—, que va a su bola.
Y llamó al de seguridad para que hiciera salir a los cuerpos. El guardia los pastoreó hasta el vestíbulo, los empujó educadamente al exterior y cerró la puerta.

El ingeniero social le explicó al inspector  de la UE que mientras los cerebros trabajaban les ponían un chip a los cuerpos para que no se perdieran.
—En realidad hemos demostrado que el cuerpo sin cerebro se las apaña bastante bien —añadió—, pero claro, aquí no estamos para hacer experimentos.
—¿Cuántas horas trabajan por turno? —preguntó el inpector de la UE señalando a las hileras de cerebros, algunos de los cuales empezaban a echar humo por la hendidura superior.
—Veinticuatro —dijo el ingeniero—, menos no sería rentable.
—¿Y qué producen exactamente?
—Nuevos cerebros. ¿No ha leído mi email?
—Sí, bueno, no —dijo el inspector, algo sofocado—, ¿tiene una aspirina y un vaso de agua?
—Es este calor —dijo el ingeniero social—. Aquí no hay de nada. Salgamos.
—¿Con… ellos? —preguntó el inspector aflojándose el cuello de la camisa y señalando a los cuerpos que deambulaban por el exterior.
—Son inofensivos.

La fábrica estaba frente al vertedero nuclear. Largos trenes de residuos se oxidaban a la espera de que terminara la huelga de descargadores.
—Lo de siempre —dijo el ingeniero social—, no hay dinero.
—Casi estábamos mejor dentro —protestó el inspector—, ¿no será tóxico permanecer aquí?
—Oiga —dijo el ingeniero perdiendo la paciencia—, ¿usted en qué mundo cree que vive?
—Perdone —se excusó el inspector—, ver todos esos cerebros me ha impactado...
—Ya —dijo el ingeniero—, la primera vez a mi me pasó lo mismo. Uno se hace a todo… ¡Eh! ¿qué hacéis ahí? ¡guardia!

Los cuerpos sin cerebro se encaramaban a la endeble verja que separaba la fábrica de los andenes del centro de residuos nucleares; trepaban con lentitud de osos panda, como si compitieran entre ellos. Al otro lado de la valla los descargadores en huelga, sentados encima de los contenedores del convoy radiactivo, con las piernas colgando, se pasaban una bota de vino y se reían contemplando este ingenuo pasatiempo.
El ingeniero, al ver que el guardia no le oía, cruzó la franja de césped artificial y empezó a increpar a los dummies y a agarrarlos por los pies.

El inspector de la UE miró a los lados y sacó un cigarrillo. Lo prendió, aspiró una calada y se quedó mirando el suelo entre sus zapatos polvorientos. ¿Cómo he llegado a esto?, se preguntaba, soy un inspector de primera clase de la Unión Europea… ¿cómo hemos llegado a esto?
Fue su última reflexión. Cuando levantó la vista, los cuerpos ya estaban sobre él.

 

UE 2021

Óscar, de doce años, estaba jugando con el guarda de seguridad mientras los cuerpos sin cerebro intentaban entrar. Óscar era el hijo del ingeniero social, que hacía turnos de 24 horas. Los donantes prestaban sus cerebros durante ese plazo por 500 deuros. Los deuros eran euros de deuda, dinero negro virtual que emitían los gobiernos para ir tirando. Las escuelas habían cerrado en el 2019 y los niños iban con sus padres al trabajo

 

Datos

Del email del ingeniero social al inspector de la UE:

Los cerebros se extraen mecánicamente. La primera vez es laborioso, pero luego se hace en dos minutos. Volverlos a implantar cuesta un minuto. El cráneo es abatible, claro. Los proveedores firman un contrato: se comprometen a producir un mínimo de cien jornadas de 24 horas ininterrumpidas. Si no, no nos compensaría invertir en la primera intervención. Todos han sobrepasado ese mínimo. Afirman que después de una jornada se sienten mucho mejor.

 

 

Sam live

Sam Spark (nombre ficticio) no está muerto. Sam Spark es inspector de primera clase de la Unión Europea. Cobra 2.000 euros buenos más dietas en dinero negro. Con el recorte de 2020 y los impuestos, se queda en 1300. Su mujer le ha abandonado y se ha ido con un actor de videojuegos tridimensionales. San Spark ha sido atacado por los cuerpos sin cerebro de una de las fábricas de Brainx. Pero no está muerto.

 

 

Brainx SA

Empresa más innovadora del año (2019).

Premio Entrepreneurship Global Gold (2020)

Duplicación y venta de cerebros. Opciones: tuneados, vacíos, sólo para almacenar datos, optimizados para procesar... También alquiler en streaming.

 

Informe automático en tiempo real

El hijo de uno de los ingenieros sociales (Óscar, 12 años), acude con su padre a la fábrica. Como hacen turnos de 24 horas, Óscar se entretiene tuneando el cerebro auxiliar que maneja los cuerpos a control remoto. Un día les ordena echarse a dormir, otro los pone a jugar a las cartas... Sospechamos que el incidente ha sido provocado porque Óscar ha introducido trozos de código del videojuego LivXtrem, lo que habría desatado la conducta violenta de los zombies, que es como los llama. Tampoco descartamos un cierto libre albedrío de los cuerpos.

 

Fieri Harps tiene un problema

Fieri Harps, presidenta de Brainx, deja el informe automático en una mesa y ordena:

—Que no se sepa nada de esto. Si trasciende la fuga de cuerpos, bajarán las acciones.

Pero es difícil mantener en secreto lo que ocurre en la fábrica. Los cuerpos sin cerebro saltan la valla, asustan a los huelguistas y, en este momento, trastean ya con las locomotoras.

Los antidisturbios que deberían vigilar los convoyes de residuos radiactivos llevan dos meses sin cobrar, así que se mantienen acuartelados en la cantina del apeadero, a la espera del furgón blindado que, según les han prometido, trae el efectivo (y han avisado: “no admitimos deuros”).

Fieri Harps es una mujer valiente. Alcanzó la presidencia de Brainx porque fue la primera en someterse a la extracción de cerebro. Ahora es pura rutina, pero hace dos años Fieri se jugó la vida: creía en su proyecto. Fieri Harps es un mito.

 

Datos aproximados

La Asociación Mundial de Bancos (ABM) ha decidido hacerse cargo del sueldo de los dos últimos meses de las fuerzas de seguridad (mediante otro crédito al estado español).

Sam Spark, inspector de la UE, se levanta del suelo. Comprueba que no le han robado el móvil. Puede ver que los cuerpos sin cerebro brincan alegremente por encima de los contenedores.

 

Inmóvil sin móvil

El guarda de seguridad es cubano, se llama Manel y ha salido a recoger el cuerpo del ingeniero social. El inspector intenta llamar a su oficina (y a su mujer) pero un mensaje informa de que la compañía ha suspedido el servicio de móviles a la UE por falta de pago. Sam Spark ve a Manel que le pide ayuda y se echa a llorar.

El hijo del ingeniero, Óscar, se ha bajado un distribuidor de aplicaciones que le permitirá dotar de contenido diferente a cada uno de los cuerpos sin cerebro (hasta ahora les cargaba a todos el mismo software). Óscar no se ha dado cuenta todavía de lo que le han hecho los zombies a su padre.

 

Cambio de turno

Elisa es la ingeniera social que viene a dar el relevo (turnos de 24 horas) a la fábrica. Trae en su coche a la guarda de seguridad, Elba. Los esfuerzos de Fieri Harps, presidenta de Brainx, para evitar que la fuga de cerebros se conociera no han dado resultado: los mismos huelguistas y los policías que esperan su sueldo para intervenir han difundido lo que ocurre. Elisa y Elba, aunque la empresa no les ha comunicado nada, venían prevenidas. No todos los cuerpos están en los andenes; algunos deambulan por los alrededores del edificio; otros iban caminando por la carretera comarcal y han intentado detener el auto de Elisa, que —según dice—, los ha esquivado por poco.

Ahora tendrían que colocar los cerebros en sus cuerpos, pagarles y dar paso a los proveedores del siguiente turno, que ya llevan un rato esperando a las puertas de la fábrica. Pero si los cuerpos no vuelven, ¿dónde aparcamos estos cerebros?

La empresa hace como si no pasara nada.

 

Datos aprox, presión

El dinero está todo invertido. El 1 % de la población tiene el 80% de los recursos; lo tiene pero no lo tiene: no puede disponer. En cuanto sale del sistema financiero el dinero sufre penalizaciones. Mandan los mercados. Los bancos se han unido (Grecia y otros ex-países les pertenecen, han sido embargados). La antigua ONU es la sede de la MBA, Asociación Mundial de Bancos.

Cuando Google se hizo tan poderoso que amenzó al propio Estado, tuvo que escindirse, mutar. Ahora es Gogol y Godot.

Algunos cuerpos merodean por los alrededores de la fábrica. Cae la noche. Elisa le dice al guarda que deja el turno que es peligroso salir. Y que necesita su ayuda. Manel, el cubano, se ofrece para quedarse, pero añade que hay que llevar al ingeniero saliente a un hospital, pues no reacciona. Y que su hijo de doce años no sabe nada. Los proveedores llaman cada vez con más contundencia. Hace media hora que tendrían que haberles sacado el cerebro.

 

"Se socarran seguro"

Elisa intenta pensar: no sabe dónde poner los cerebros salientes: no tienen cuerpos porque se han marchado y están vagando por el campo, por los trenes radiactivos, por los alrededores de la fábrica. Hay un repositorio de emergencia pero sólo caben cinco cerebros. Los otros 25 del turno saliente no pueden quedarse en la tostadora (así la llaman), porque más de 24 horas puede ser letal.

—Se socarran seguro —dice Óscar—, que por fin ha salido de la sala de ordenadores.

Óscar piensa que viene una ambulacia a buscar a su padre, que sigue conmocionado.

 

Decisiones

El bramido de un helicóptero hace temblar las débiles paredes de la fábrica. La presidenta de Brainx, Fieri Harps entra seguida por dos guardaespaldas. Fieri mide uno cincuenta, pero su energía no conoce límites.

—Trasladen al ingeniero al hospital.

—¿Volvemos a recogerla?

—Les avisaré —se dirige a Óscar—, tú eres el experto que ha tuneado esos cerebros...

El chico baja la cabeza. Lo que ha estado haciendo es un delito.

—Si tu padre se recupera, te contrataré —sigue Fieri—, si no evoluciona bien, te adoptaré como hijo mío... Lo que estoy diciendo es que necesito tu talento.

Óscar ojos-de-plato no sabe qué decir.

—Ahora, si quieres acompañar a tu padre al hospital... pero allí no podrás hacer gran cosa por él. Y te necesitamos aquí. ¿Te quedas?

—Sí —dice el chico.

—Ok —sigue la presidenta—, que los guardias tranquilicen a los que esperan afuera, les ruego que les pidan un poco de paciencia. Nosotros vamos a celebrar una mini-reunión... ¿usted es el inspector?

—Sí, Sam Spark.

—Le pido disculpas por el incidente de esta tarde.

—No se preocupe —dice él—, si puedo hacer algo...

—Me gustaría contratarle ahora mismo —dice Fieri—, la situación es muy grave... necesitamos su experiencia...

 

Decisiones

Fieri Harps le pregunta a Óscar si es capaz de hacer que los cuerpos regresen a la fábrica para reimplantarles sus cerebros.

—No —dice el chico—, les puse un programa que les permite actualizarse a voluntad... sólo hay cinco que volverían si los llamo.

—Tráelos —dice Fieri.

—¿Qué hacemos con los demás cerebros —pregunta Elisa, la ingeniera social—, si siguen en la tostadora van a reventar.

—Congelarlos, supongo...

—No aguantarán —dice Elisa.

—Lo sé —concluye Fieri—, pero no los vamos a tirar...

 

Inspiración

Fieri Harps se da cuenta de que dirige un vasto imperio —Brainx— a distancia, sin comprender el detalle. Ha tenido que viajar a esta fábrica destartalada, situada en un lugar inhóspito, para intuir las auténticas posibilidades del negocio.

Mientras la ingeniera congela los cerebros de los veinticinco cuerpos que siguen pululando por el exterior y da paso al nuevo turno, Fieri decide instalar su oficina en el foco donde se produce la inspiración, en el volcán de los problemas: en la fábrica.

 

Trenes en movimiento

Óscar se puso al ordenador y Fieri se sentó a su lado. El chico dio instrucciones de volver a los cinco cuerpos que aún controlaba. Entretanto, la ingeniera social Elisa extraía los cerebros de los proveedores del siguiente turno y los guardias Manel y Elba acomodaban a sus cuerpos en la espartana sala de espera.

De los andenes del centro de residuos nucleares llegaban los ruidos de trenes. Fieri Harp se asomó y pudo ver que los cuerpos que habían escapado el día anterior saltaban sobre los containers y manejaban las locomotoras como si estuvieran jugando.

—¿Qué quiere que haga? —le preguntó a Fieri el inspector de la UE.

—Que esté a mi lado —dijo la presidenta—, que me ayude a pensar.

 

Modelo de negocio

—Los proveedores pagarían por librarse de sus cerebros —dijo Fieri—, lo ha dicho la ingeniera, ¿no?

—Lo he oído —asintió Sam Spark.

—Pues que paguen —concluyó la presidenta—; en vez de cobrar por fabricar cerebros, cobraremos por proporcionar esa experiencia adictiva.

—Pero esta gente no tiene dinero —objetó Sam—, alquilan sus cerebros por hambre...

—Cuando los millonarios se enteren de que la experiencia es total —dijo Fieri—, pagarán lo que sea. La mayoría de las modas vienen del hambre.

 

Ventajas

Sam Spark (nombre ficticio) se echó a llorar. Su mujer le había abandonado, su sueldo se había quedado en nada. Le envían a inspeccionar a lugares desolados, como esta fábrica sin agua potable, perdida junto a un vertedero nuclear fuera de control, donde unos cuerpos sin cerebro le dan una paliza y se le fuman su último paquete de tabaco.

—Todos los sitios son similares —le dijo su jefe—; pero hemos de seguir: hay que mantener la actividad, el orden, la dignidad...

—Eso es verdad —dice Fieri Harps sin dejar de trabajar—, si te paras a pensar estás muerto. Pensar es un suicidio. Sólo queda actuar, actuar a toda leche... ¿Sabe por qué quiero que trabaje para Brainx?

—¿Tiene un kleenex?

—Lo que usted puede aportar a la empresa es su desesperación.

 

En los andenes

Los cuerpos sin cerebro se habían apoderado de los trenes cargados de residuos radiactivos y hacían entrechocar alegremente las máquinas unas con otras. Para ellos todo era una fiesta.

 

En rojo

Los antidisturbios seguían acampados en la cantina de los andenes del Centro Nacional de Residuos Radiactivos.

—Hasta que no llegue el furgón con el dinero no moveremos un dedo.

La Asociación Mundial de Bancos no daba más crédito. La deuda de España era demasiado alta. Europa estaba en quiebra. Sólo quedaba vender el país en bloque.

 

Fichaje

Fieri Harps habla con Óscar.

No quiero que me adopte dice el chico, quiero que me nombre vicepresidente.

De acuerdo dice ella.

Y que lleve a mi padre al mejor hospital.

Ya está en el mejor dice Fieri, ¿empezamos a trabajar?

—Hay otra cosa —dice Óscar—, necesito dinero para mi equipo de colaboradores...

 

Publi Brainx

Los cerebros producen otros cerebros. No son clones: el programa les limpia los recuerdos. Los formateamos a la carta o los entregamos en blanco, el cliente dispone de un panel de control. Están mejor que nuevos. También en alquiler.

 

Bucle

El ingeniero social, padre de Óscar, que fue atacado por los cuerpos sin cerebro, sigue en coma. Su cerebro le repite: no puedes ganar, no puedes salir, esto era todo. Los jueces también hace dos meses que no cobran. El gobierno de concentración se resiste a vender España a los bancos.

 

Familias de los cuerpos

La ingeniera social Elisa tiene que llamar a los familiares de los veinte cuerpos fugados.

—No me explique nada —dice uno—, lo estoy siguiendo por las webcams de los andenes de los trenes nucleares. Mi padre está subido en un vagón asando un cordero... Ya le dijimos que no era buena idea que alquilara su cerebro para esos experimentos que hacen ustedes...

Elisa busca las webcams... En efecto, justo enfrente de la fábrica, un grupo de cuerpos ha hecho una gran hoguera sobre uno de los trenes. Elisa se asoma a la ventana de la fábrica: puede ver el resplandor sobre los contenedores. El tren arranca.

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