Servidumbres de Aragón
No nos dejan despegar. ¿O es cosa nuestra? Hacer un trozo de túnel para acceder a una ciudad de 700.000 habitantes, un trozo de autovía, cualquier cosa… nos retrasa veinte años. Es un desperdicio, una pérdida de energía y una amargura que nos condena a la parálisis absoluta.
El aeropuerto para pasajeros no funciona, no hay vuelos en proporción a los habitantes, a la pujanza y a la situación de Zaragoza/Huesca/Teruel. España es un lastre para Aragón. Con la aquiescencia y la voluntaria servidumbre de los propias aragonesas y aragoneses. Y a medida que los vecinos amplían sus cupos y prerrogativas nos vamos quedando en la expectativa eterna. El agua no necesita trasvase para irse. De Sigena a la logística mundial pasando por la TCP. Ahora, como tantas veces, parecía que sí. Esta vez sí. Pero no. Tampoco.
La última servidumbre detectada es militar. Siempre ha sido esa una de las principales, pero ahora se concreta un poco más, el titular del lunes de este periódico es perfecto: “Defensa bloquea cinco grandes proyectos en Plaza por la servidumbre de la Base Aérea”.
El daño que este contratiempo puede causar o está causando ya en el desarrollo de Aragón es incalculable. Con ser un perjuicio enorme para las cuatro inversiones frenadas sine die, excede y desborda el presente para lanzar al mundo el mensaje de que en los alrededores de Zaragoza no hay seguridad jurídica para invertir puesto que en cualquier momento un designio unilateral puede echar abajo cualquier proyecto.
Entretanto el Gobierno de Aragón ha mandado una carta a la ministra de Defensa.
Quizá es mejor que se traslade cuanto antes la base aérea a otro lugar, que por sitio despejado no quedará y aeropuertos sin uso sobran.
A este paso Aragón se llamará Servidumbria.
-
(Columna de Mariano Gistaín en Heraldo de Aragón, 23-7-25)

