Días de cigüeñas y humo. Ya se han quemado los rastrojos. Se empiezan a quemar el miércoles de ceniza, todo guarda relación, y ahora es primavera en Hacienda. Adivinanza: ¿En qué se parece la inteligencia artificial al cerebro? En que no sabemos cómo funciona funciona ninguno de los dos. Lo explica Jerry Kaplan en Inteligencia Artificial. Lo que todo el mundo debe saber, editado por la zaragozana TEELL (Todo Está En Los Libros), que también ha traducido el libro anterior de Kaplan sobre robots y empleo. Cosas de cada día. Planean las cigüeñas, pero no sabemos si son 100% bio o llevan chips como los perros. Hay insectos espías, quizá por eso quedan menos gorriones: se les atragantan. Ya somos una mezcla: tornillos, prótesis, dientes, marcapasos. Internet de las cosas y personas. El que no sea biónico que encienda los leds. Toda esta monserga futurista y actual sirve también para huír del presente, tan jasco a veces, a ratos, o quizá siempre. Si la IA espabila (si lo hubiera hecho ya y fuera muy lista, no lo sabríamos) podría reparar algunos o muchos de los destrozos que nos hacemos sin mala intención, solo por afán de supervivencia letal. El lado bueno de ese presupuesto enorme que Trump destina a armas es que, sin querer, pueden descubrir algo que acabe por ser de utilidad, si queda alguien para usarlo. Pasó con internet y con otros artilugios. Siempre hay que buscar el lado bueno. Por si acaso. A ver si con suerte se equivocan e inventan un arma benéfica. Una IA buena. Como es todo tan raro.
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(Columna Heraldo de Aragón)
N O V E L A "Nadie y nada"
C U E N T O S "Familias raras"
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