De nuevo la aritmétrica: aritmética y métrica, qué redundancia, qué atrocidad. Todo se podría medir si hubiera tiempo y robots. ¡Faltan robots! Vaya usted al Inaem. Fábrica de zapatillas sin personas: no se ve un alma. Los pies llegarán solos a calzarse. Serán pies biónicos impresos en casa, o en los talleres de barrio. Piezas sueltas por doquier. Los robots crearán puestos de trabajo: necesitarán contratar a personas para que les echen una mano o un alma (el alma es lo más caro de clonar). Los robots compiten entre ellos igual que usted y yo. Faltaría más. El derecho a la libre competencia lo heredan estas pobres criaturas superdotadas de serie. El derecho a quedarse en desguace, a perderlo todo, a la empatía básica universal. El robot moderno es casi una persona, solo le faltan detalles, trozos de adn copiapegados. Lo único que le falta a un robot actual para ser persona es el móvil, que confiere la ciudadanía espiable. En Aragón podríamos instalar una fábrica de microegos para robots avanzadicos. Hay muchas startups (una startup es una empresa de sopa). La próxima zapatilla o bamba o chancleta ya vendrá del éter cual maná. La imprimirás en casa, o en el remendón de la esquina, que será una minifábrica mágica. Las mismas lavanderías automáticas servirán para imprimir cosas, un plátano, un nabo, una cebolla. Una lavadora puede ser una impresora. Así todo saldrá bien limpio. El problema es de qué van a hablar los pobres robots mientras esperan a que les impriman y les planchen a ellos mismos.
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(En Heraldo de Aragón)
