La única forma de tener trabajo en España es ser presidente del gobierno. Aunque, según las previsiones, sea un empleo muy precario, si se saben aprovechar las oportunidades puede dar paso a un cargo indefinido en alguno de los cados que no sólo subsisten sino que, de seguro, sobrevivirán al Estado del que chupan hasta dejarlo exhausto y con el PIB a cero. Por lo demás, todo va bien, la recuperación consigue producir parados a la máxima potencia al tiempo que reduce el desempleo y las agencias oficiales de ídem han colocado a uno que no era del partido en el último año. Ante una recuperación tan evidente & despiadada se comprende que la pugna por llegar a la Moncloa sea feroz, pues se juntan la lógica necesidad de colocar a la familia y allegados con el temor a tener que pactar con alguien acuciado por el mismo problema. El conflicto, más que político, o poltrónico, es darwiniano. Por eso, la primera disposición del nuevo Congreso, aparte de imprimir bonos para bocadillos e iphones vitalicios, será cambiar la denominación del próximo gobierno, que pasará a denominarse “gobyerno” a secas, palabra tecnócratica exenta de populismo que define mejor al beneficiario directo, que es el marido de la hija, que podrá acceder al Olimpo de fin de mes, calefacción ilimitada, agua caliente y otros insumos que tanto agobian a la grey hispana no empotrada en la puertagirancia. Lo demás va solo.
(Columna hoy en Heraldo)
